La unidad de la izquierda, ese mito eterno

'Política para supervivientes' es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es Ah, la unidad de la izquierda. Uno de esos temas míticos a los que siempre volvemos, como el continente perdido de la Atlántida o si fueron los egipcios quienes construyeron las pirámides o unos extraterrestres a la búsqueda de nuevos mercados para su negocio de pompas fúnebres. La izquierda no socialdemócrata –a mí me gusta la palabra radical– siempre ha estado dividida. Que se lo pregunten a Marx y Bakunin. La cosa pierde su gracia cuando esa división, que de entrada no podemos considerar artificial, puede contribuir a una victoria nítida de la derecha y la extrema derecha en las próximas elecciones generales. Esa bala se esquivó en 2023 gracias a la formación de Sumar y su 12% de votos, aunque no fuera el único factor de esa remontada en el último minuto. Ahora ya no parece que existan las mismas opciones, aún más con la caída del PSOE, acelerada por el peso muerto que suponen las acusaciones contra Ábalos y Cerdán. ¿Está ya todo el pescado vendido o todavía hay tiempo de volver a salir a la mar? Gabriel Rufián lleva tiempo agitando la caña y las redes y mostrándose dispuesto a subirse a otro barco (entiéndase, no a otro partido) con el que buscar caladeros de votos más propicios. En su estilo, es un comunicador nato, alguien que se prepara los discursos, y también los tuits, para que marquen la diferencia. Suele ser muy efectivo a la hora de cargar contra la derecha, lo que ayuda a explicar su creciente popularidad en esta legislatura de trincheras. No tanto cuando aporta alternativas. Es mucho mejor en el diagnóstico que en las soluciones. Ahí habría que añadir: como casi todo el mundo. Junto a Emilio Delgado, diputado autonómico de Más Madrid, el portavoz de Esquerra en el Congreso celebró un acto esta semana que en principio no pasaba de ser un coloquio o charla. Y eso es lo que fue. La expectación fue tan grande que parecía que iba a generar una fórmula ganadora. Hasta 25.000 personas llegaron a estar conectadas en YouTube a la retransmisión que hizo este diario. Aquí se puede ver el vídeo completo. Rufián comenzó con lo más concreto, lo que era su intención. Hacer un llamamiento a acuerdos previos entre partidos para que no se desperdicie ni un solo voto. Presentar una única lista de izquierdas por territorio con un programa de mínimos. “Si no, nos van a fusilar políticamente” (Rufián nunca se corta a la hora de insuflar dosis de drama). Suena práctico, pero roza lo inviable. ¿Quién decide en cada una de las 50 provincias quién es el más fuerte? Si se hace a partir de los resultados de 2023, te encuentras con casos tan singulares como que los Comunes adelantaron en votos al partido de Rufián en la provincia de Barcelona. Está claro que Esquerra no va a renunciar a presentarse por esa circunscripción. Podemos ya ha dejado claro que su idea es presentarse en solitario o con todo aquel que acepte que ellos van por delante. EH Bildu y el BNG no están pensando en formar parte de una coalición con fuerzas del resto del país. Esa fórmula de todos juntos es la de la coalición Sumar, pero ni parece que vaya a tener la misma fuerza que en 2023 ni cambian mucho las cosas si le cambian el nombre y el candidato a la presidencia. A día de hoy, no se sabe si Yolanda Díaz será candidata, si volverá al Derecho laboral o si iniciará una nueva carrera como mariscadora en las Rías Baixas, lo que no resulta muy alentador. El viernes, Rufián precisó su propuesta: “Una cosa. Yo no pido retiradas. Yo pido confluencias. Y eso no significa que se presente 1 pero tampoco significa que se presenten 14. Significa potenciar a quienes estén más capacitados para ganarle escaños a Vox y unirse a en torno a ellos. En plural”. Pero el problema sigue estando en las circunscripciones pequeñas, digamos las que aportan entre tres y ocho escaños, en amplias zonas de España donde la izquierda radical está en una posición minoritaria. Sumar revirtió esa tendencia en algunas de ellas hace dos años y medio. No está en condiciones de repetir el logro. Rufián admitió que este tipo de acuerdos obliga a renuncias. Por otro lado, propuso “tres o cuatro puntos programáticos en común de las izquierdas”. Uno de ellos fue el derecho a la autodeterminación. Después del fracaso del procés en Catalunya, dudo de que eso sea una carta ganadora en la mayor parte de España. Más aún si no olvidamos que el procés supuso un rearme del nacionalismo español que estuvo inicialmente en el origen de la ascensión de Vox. Como bien sabe el PP, que empezó a perder votos a chorros a su derecha. Y no sólo no los ha recuperado, sino que continúa sufriendo una sangría en esa dirección. Todos somos muy listos a la hora de recordar por qué algo no puede funcionar a nada que se aleje de la situación actual y tenga que superar innumerables obstáculos. No es tan sencillo construir algo diferente y arriesgado que sea efectivo. Los partidos nacionalistas han reaccionado a las ideas de Rufián con frialdad elegante, sin querer hacer sangre, pero confirmando que Esquerra, EH Bildu y el BNG están a otra cosa. En Podemos han sido categóricos. Ellos creen que son la única izquierda combativa y no van a repetir lo que hicieron en 2023. “A veces la vida no va de cantidad, va de calidad”, ha dicho Ione Belarra. Las elecciones sí que tienen que ver con la cantidad. Con la cantidad de votos que saques. Lo siento, pero no puedo dejar de recordar unas frases de la película 'La última noche de Boris Grushenko', de Woody Allen: “Lo que cuenta no es la cantidad de relaciones sexuales. Es la calidad. Por otro lado, si la cantidad baja a una vez cada ocho meses, pensaría en ello”. El acto de Rufián y Delgado ha servido para que Sumar se quite la torrija que lleva encima y acelere la nueva edición de la coalición. El sábado, celebró un mitin en Madrid básicamente para anunciar que la mayoría de sus integrantes sigue en la misma onda. De las intervenciones, la frase más interesante la ofreció Lara Hernández que se comprometió a “construir una izquierda que vuelva a conectar con la calle”: “En este tiempo hemos perdido pulso y comunión con las gentes. Con paciencia, pero con determinación: hemos de estar fuertes en los barrios, en los centros de trabajo, en los institutos, en las asociaciones, las viejas y sobre todo las nuevas”. Sumar debe admitir que la correlación de fuerzas en el Congreso ha hecho que esta legislatura haya sido muy poco ilusionante. Razón de más para que esos partidos ofrezcan ideas nuevas, propuestas que puedan llevar a la gente a las urnas. No valdrá con advertir del peligro de la ultraderecha. Esa estrategia funcionó en 2023, pero ya no es una garantía. Las campañas negativas tienen su momento y a veces funcionan. No son un arma infalible. Al final, la unidad de la izquierda la tendrán que hacer los votantes. Mentiras y más mentiras Feijóo en el Congreso el 19 de febrero. Lo dijo Juan Bravo, diputado del PP, en la sesión de control del miércoles. A Alberto Núñez Feijóo le pareció una idea tan buena que la repitió un día después en Granollers con la mención específica al tren. “Si se pagan impuestos como si fuésemos un país nórdico, no tiene ningún sentido que tengamos servicios de cercanías ferroviarias como un país subdesarrollado”, dijo Feijóo. Dos ideas y las dos son falsas. En España no se pagan impuestos al nivel de los países nórdicos ni con el IRPF ni con el IVA. Sobre el nivel de los servicios públicos se pueden hacer muchas críticas, pero si se sostiene que es idéntico al de un país del Tercer Mundo, también en relación al tren, se nota que no has viajado mucho. Y así es como se hace oposición estos días en España con el apoyo de una nutrida brigada mediática. Ya no es una cuestión de retórica inflamada, lo que no sería una novedad en un partido cuando está en la oposición, sino de contar mentiras cuya función es alimentar los prejuicios de la gente.