Un siglo de salidas extraordinarias: la Virgen del Sagrario en la calle

La celebración del centenario de la coronación de la Virgen del Sagrario se inscribe en una historia reciente marcada por contadas, pero muy significativas, salidas procesionales. A lo largo de estos cien años, la imagen ha abandonado el interior de la Catedral Primada en momentos clave de la vida religiosa, social y hasta histórica de Toledo, convirtiéndose en testigo y símbolo de cada época. La primera de estas salidas tuvo lugar el 30 de mayo de 1926 , con motivo de su coronación. Aquel día, la Virgen protagonizó una solemne procesión presidida por el entonces Príncipe de Asturias, en un acto que consolidó oficialmente una devoción profundamente arraigada entre los toledanos y que marcó un antes y un después en su culto público. Tras los años convulsos de la Guerra Civil, la imagen volvió a las calles el 1 de octubre de 1939, en una procesión de desagravio y reparación. La Virgen fue trasladada hasta la plaza de Zocodover para una «recoronación», como gesto simbólico tras la profanación sufrida durante el conflicto, en un contexto de reconstrucción material y espiritual de la ciudad. El 31 de octubre de 1954, en pleno Año Mariano, la Virgen del Sagrario protagonizó una de las procesiones más multitudinarias del siglo XX. La imagen recorrió el camino hasta el parque de la Vega, acompañada por las patronas de numerosos pueblos de la diócesis, en una manifestación de fe colectiva que trascendió el ámbito estrictamente local. Otra fecha especialmente recordada es el 15 de agosto de 1961, cuando la Virgen volvió a procesionar con motivo del estreno de un nuevo manto, donado por los propios toledanos para sustituir al que había sido robado durante la Guerra Civil y con el que se coronó: el manto de las 80.000 perlas . Aquel gesto popular reforzó aún más el vínculo emocional entre la ciudad y su patrona. Ese manto, al que se perdió la pista en Méjico, era una obra textil de primer orden formada por cinco piezas -manto, basquiña, mangas y vestido del niño- con amatistas, rubíes, piezas de oro y brillantes engarzados a la tela junto a las perlas. El manto se abrochaba con un topacio de grandes dimensiones y traslúcido por el que se vislumbraba el escudo del cardenal Cisneros, sustentado por dos cisnes labrados de perlas en sus picos de oro, tal y como describió en los años 40 el canónigo archivero Juan Francisco Rivera Recio a partir de documentos de la época. El 30 de mayo de 1976, coincidiendo con el cincuentenario de la Coronación Canónica, la Virgen regresó de nuevo a Zocodover en una salida extraordinaria que sirvió para actualizar y renovar una devoción que seguía muy viva medio siglo después. Apenas un año más tarde, el 29 de mayo de 1977, tuvo lugar otro momento singular: el traslado público desde el Palacio Arzobispal hasta la Catedral, tras siete meses de restauración . Aunque no se trató de una procesión solemne en sentido estricto, la imagen recorrió las calles arropada por los fieles, que quisieron acompañarla en su regreso al templo primado. La dimensión más popular y casi penitencial de estas salidas se vivió el 4 de febrero de 1995, cuando la Virgen del Sagrario procesionó en rogativa por la lluvia. La grave sequía que afectaba a la región llevó a una elevada participación de fieles , en una manifestación de religiosidad tradicional que evocó prácticas ancestrales. Ya en el siglo XXI, la imagen volvió a salir el 15 de agosto de 2004, en el marco del Año Jubilar de Santa Leocadia y del 150 aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. En esta ocasión, el traslado fue breve, hasta el Arco de Palacio y regreso , pero cargado de simbolismo histórico y teológico. La última gran cita en la calle tuvo lugar el 25 de junio de 2005, durante la Jornada Diocesana celebrada en el Salto del Caballo. La Virgen del Sagrario participó en un multitudinario encuentro mariano junto a cerca de medio centenar de imágenes procedentes de distintos puntos de la diócesis. Este recorrido histórico por las procesiones de la Virgen del Sagrario subraya el carácter excepcional de cada salida. Por eso, la programación prevista para el centenario de su coronación y la posible concesión de la Rosa de Oro adquieren una dimensión especial, no solo como celebración litúrgica, sino como un nuevo hito que se sumaría al listado de momentos en los que los toledanos han visto a su patrona encontrarse cara a cara con la ciudad.