La gente no sabía si huir o mirar. En el centro de un círculo formado por cientos de personas un edificio de nueva generación ardía como una cerilla. El viento arrancaba las placas de la fachada, que salían disparadas envueltas en llamas. En las aceras de Maestro Rodrigo y General Avilés había vecinos con ataques de ansiedad. Un hombre corría en dirección contraria a la columna de humo y gritaba que aún quedaban personas dentro. "¡Les piden que pongan trapos por debajo de las puertas!". Un rato antes, a media tarde, un chispazo en la parte trasera del frigorífico de la puerta 86 desató una combustión lenta que fue creciendo primero en la cocina y después en el resto de la vivienda hasta reventar el cristal de la terraza. Era el 22 de febrero de 2024 y Valencia estaba viviendo el peor incendio de su historia.