La esposa del bombero que resultó gravemente herido en el incendio declarado en el barrio de Recimil ha hecho pública una carta dirigida al alcalde de Ferrol, a las concejalías de Seguridad y Recursos Humanos y al jefe del servicio, en la que carga con dureza contra la gestión municipal del parque de bomberos. En el escrito, la mujer denuncia la falta de efectivos en una ciudad de 65.000 habitantes, asegura que el servicio viene reclamando más medios desde hace meses y acusa al gobierno local de no haber actuado para garantizar la seguridad de los trabajadores. Sostiene que la intervención se afrontó con solo tres efectivos, e incluso dos en determinados momentos, tras una noche de temporal con más de una decena de salidas, y considera que esa situación dejó “abandonados a su suerte” tanto a los afectados como a los propios profesionales. También reprocha no haber recibido ninguna llamada institucional tras el suceso y cuestiona lo que considera gestos de imagen en el hospital en lugar de soluciones estructurales. En la carta, afirma que la amputación de la pierna de su marido cambiará para siempre la vida de su familia y responsabiliza directamente a los responsables políticos de lo ocurrido. A continuación, se reproduce íntegramente el contenido del escrito: "Sr. Alcalde: Soy la mujer del bombero que resultó gravemente herido en el incendio de Recimil. Junto con otras tres personas -un niño, una joven madre y un adolescente- que pelean en el hospital contra las consecuencias de ese fuego voraz. Hablo de ese bombero del que desde el Ayuntamiento les gusta presumir de que han estado tan pendientes. Personalmente, tengo que decir que yo no he recibido llamada alguna. Tristemente, y ni siquiera a tiempo, la del jefe de bomberos, que imagino que no consideró oportuno avisarme de lo sucedido la madrugada del jueves, después de una noche infernal de temporal con más de 16 intervenciones que recayeron sobre el cuerpo de solo tres efectivos, muchos menos que los asesores que lo acompañan a Usted a cada acto o lo escoltan en las ruedas de prensa. Afortunadamente, TODOS sus compañeros sí estuvieron ahí, y están hoy apoyándonos y acompañándonos. No necesitamos políticos que se presenten en el hospital en momentos extraordinariamente difíciles para hacer el paripé, necesitamos que hagan su trabajo poniendo la voluntad y los medios para solucionar las carencias que este colectivo arrastra desde hace años. Le ha tocado a mi marido. Podría haber sido cualquier otro compañero. Y podrían haberse perdido vidas. Son bomberos. Son trabajadores. También son padres, hijos, hermanos y parejas. No son números. Tienen familia y un oficio de alto riesgo que exige, de los responsables públicos, las medidas necesarias para hacerlo en condiciones de máxima seguridad. Son profesionales que han salvado muchas vidas y auxiliado a mucha gente en infinidad de ocasiones en nuestra comarca. Y son las mismas personas que ahora parecen querer sugerir, veladamente, que quizá no cumplieron unos protocolos claramente insuficientes para una ciudad como la nuestra. ¡MENTIRA! Tres efectivos (o dos) en un incendio/o en cualquier otra intervención deja a los afectados y a los trabajadores abandonados a su suerte a la espera de refuerzos en una ciudad de 65.000 vecinos. Presumen de que Ferrol Mola pero parece que no tanto como para contar con una plantilla de bomberos completa con los requisitos mínimos para la protección de los ciudadanos y la seguridad de los trabajadores. Pagamos nuestros impuestos confiando en un servicio público esencial, con protección, garantías, medios y personal suficiente para protegernos y protegerse. Perdonen mi atrevimiento, seguro que no conozco a fondo los mecanismos de una acción política que no conecta con los ciudadanos. Mi profesión es otra: educar. Algo que me apasiona y que no podré ejercer en una buena temporada, quien sabe cuánto, por su negligencia política. No, nuestra realidad será ahora otra. Estaré en casa, en una nueva vida con muchas más dificultades con marido y mis dos hijos pequeños. ¿Saben qué? Tal vez no lo hayan pensado pero yo sí. Y es que no podrá llevarlos al colegio cada mañana como acostumbraba, ni podrán aprender a andar en bici con su padre, ni nadar en la piscina ni jugar al fútbol en el parque porque ustedes: Alcalde, concejalas de seguridad y recursos humanos y jefe de bomberos, les parece lo mismo 8 que 80, ya que no es su vida ni su integridad física la que está expuesta, ni su pierna la que han tenido que amputar. No son sus mujeres ni sus madres las que durante 24 horas de guardia tienen el corazón encogido porque apenas son 3/4 en el parque de bomberos en muchas noches complicadas -todas desde el 1 de enero- ni son sus hijos quienes quizás no vuelven a ver a su padre y no son sus parejas las que suplican para que el servicio no sea complicado regresen sanos y salvos. Y enteros. Déjenme decirles que solo por su culpa, por su irresponsabilidad y por su arrogancia y resistencia a poner solución a lo que llevan más de dos meses pidiendo, que es SEGURIDAD, mi marido tendrá un futuro distinto; sus hijos y yo tendremos un futuro distinto y sus compañeros de bomberos tendrán un futuro distinto. Esta vez nos ha tocado a nosotros, pero espero que sea la última familia a la que sus negligentes decisiones les cambian la suerte.Por último, agradecer que le permitian que se (re)incorpore a su puesto (adaptado) cuando esté en condiciones de volver al mismo puesto. Muy amables. Fue el puesto que se ganó por méritos propios con esfuerzo y sacrificio en una oposición hace más de 20 años, donde ha ejercido con una vocación intachable que su irresponsabilidad política le ha arrebatado. Su dignidad está intacta. La suya, no. Sean decentes. DIGNIDADE" Los bomberos de Ferrol han convocado una concentración de apoyo a su compañero Polo, gravemente herido, bajo el lema “¡Todos somos Polo!”. El acto está abierto a la ciudadanía, compañeros de profesión y medios de comunicación. La cita será el jueves 26 de febrero a las 18:00 horas en la Plaza de Armas de Ferrol. Los organizadores piden unidad, solidaridad y el respaldo de la ciudad en un momento especialmente difícil.