Íñigo Puente, del comercio más antiguo de Vitoria: "Se hace raro ver que mantenga la misma apariencia"

La Farmacia Puente, el comercio más antiguo de Vitoria-Gasteiz, celebra este año su bicentenario. Al frente se encuentra Íñigo Puente, que representa la séptima generación de farmacéuticos que ha regentado el negocio, aunque no todos de la misma familia. La farmacia fue fundada en 1826 por la familia Fernández de Arellano, que la mantuvo durante tres generaciones hasta que en 1911 fue adquirida por el bisabuelo de Íñigo. Escucha la entrevista, realizada en la rebotica, para COPE Euskadi, clickando en la imagen superior. El establecimiento es considerado una "farmacia museo" por los tesoros que alberga. Entre ellos se encuentran tarros de Limos del siglo XIX, una máquina registradora antigua, un peso que todavía está en uso y maquinaria para elaborar fórmulas magistrales. Además, hace dos años se restauraron las pinturas de sus techos, un trabajo laborioso que ha permitido "resaltar todos los dibujos y recuperar el tema cromático", explica Puente. La singularidad del local ha atraído incluso al cine, y este mismo año ha sido el escenario de una escena de la película 'Sacamantecas'. Muchos curiosos, además de los clientes habituales, se acercan para admirar el establecimiento. "Alguno dice, 'no voy a coger nada, pero ¿puedo verla?' Y claro, puedes verla todo el tiempo que quieras", comenta el farmacéutico. Según explica su propietario, lo que más sorprende a los visitantes es la conservación de su esencia a lo largo del tiempo. La gente destaca "que ya no hay muchos establecimientos que mantengan su esencia, y que se les hace raro ver algo que mantenga tanto tiempo con la misma apariencia". Combinar la estética histórica con la tecnología moderna es un desafío. "Lo complica, pero sí es combinable", asegura Puente. Aunque sus antepasados se sorprenderían al ver la "receta electrónica y los ordenadores", la farmacia ha sabido adaptarse. Este legado también conlleva una gran responsabilidad, marcada por figuras como Isaac Puente, hermano de su abuelo, un médico muy querido en la zona de Maeztu que fue fusilado en 1936. La clave de la supervivencia durante dos siglos, según Íñigo, ha sido el apoyo del público y de los clientes y pacientes del Casco Viejo. La decisión de sus antepasados de permanecer en la colina de la ciudad, en una "zona privilegiada", cuando muchos otros comercios bajaban al Ensanche, ha resultado ser un acierto. El futuro de la Farmacia Puente parece estar asegurado, ya que podría haber una octava generación. "De mis hijos, al tercero, parece que le apetece hacer farmacia", revela Íñigo con alegría, aunque siempre ha defendido que sus hijos "hagan lo que les guste". Esta posible continuidad contrasta con la desaparición de otros comercios centenarios de la ciudad, un hecho que lamenta.