El pueblo de Andalucía que tiene una Iglesia sobre un río

En Cazorla, una bóveda de 123 metros encauza el río Cerezuelo bajo una plaza renacentista y sostiene uno de los templos más insólitos de Europa Una escapada para desconectar en la Sierra de Cazorla En pleno corazón del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas , el mayor espacio protegido de España desde su declaración en 1986, se alza una de las imágenes más sorprendentes del patrimonio andaluz: una iglesia renacentista construida literalmente sobre un río. O, más exactamente, sobre una colosal bóveda de piedra que cubre el cauce del Cerezuelo bajo la Plaza de Santa María, en Cazorla (Jaén). El visitante que cruza sus muros se encuentra con una nave a cielo abierto. No hay cubierta: solo arcos de medio punto recortándose contra la sierra y columnas que sostienen el vacío. El templo quedó inacabado, pero su grandeza sigue intacta. Bajo el suelo que pisan los turistas, el agua corre encauzada en un túnel de 123 metros de longitud, una obra de ingeniería del siglo XVI que aún hoy impresiona por su audacia. Arquitectura para demostrar poder Detrás de este proyecto estuvo Francisco de los Cobos , secretario de Estado de Carlos V y uno de los hombres más influyentes de su tiempo. Natural de Úbeda, logró que el monarca le concediera el Adelantamiento de Cazorla, hasta entonces en manos del Arzobispado de Toledo. Para consolidar su autoridad, necesitaba un símbolo visible de poder. Y lo encontró en la arquitectura. El elegido para materializar esa ambición fue Andrés de Vandelvira , uno de los grandes maestros del Renacimiento español. Su solución fue tan sencilla como revolucionaria: si el caserío se apiñaba entre riscos y no había espacio suficiente, había que ganárselo al río. Así nació la idea de encauzar el Cerezuelo bajo una bóveda monumental que permitiría levantar encima una plaza y un gran templo. Según la descripción oficial del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico , la Iglesia de Santa María constituye un ejemplo excepcional de arquitectura renacentista adaptada a un entorno de gran complejidad topográfica, combinando urbanismo, ingeniería hidráulica y monumentalidad simbólica. Cuando el río se rebeló La obra fue titánica. Primero se construyó la bóveda (un túnel de cañón de sillería) y después comenzó la edificación del templo sobre ella. Pero el proyecto nunca llegó a completarse. Documentos históricos recogen que ya en el siglo XVII la iglesia seguía inconclusa. El golpe definitivo llegó el 2 de junio de 1694. Una riada extraordinaria descendió desde la sierra arrastrando troncos y sedimentos que taponaron el conducto subterráneo. La bóveda actuó como presa: la presión acumulada terminó por dañar gravemente la estructura y el agua arrasó retablos e imágenes. El desastre marcó el declive del templo. Estudios hidrológicos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico sobre avenidas torrenciales en cuencas mediterráneas subrayan cómo los ríos de montaña, con fuertes pendientes y lluvias intensas, pueden generar crecidas súbitas capaces de colapsar infraestructuras si el cauce se obstruye. Investigaciones académicas sobre patrimonio y riesgo natural en Andalucía han señalado, además, la vulnerabilidad histórica de núcleos urbanos encajados en valles estrechos, donde la expansión urbana obligó a cubrir o desviar cauces fluviales, incrementando la exposición a inundaciones extremas. Un templo sin techo que define a un pueblo En 1810, durante la invasión napoleónica, lo que quedaba del edificio sufrió nuevos daños. Desde entonces, la iglesia permanece como una ruina monumental abierta al cielo. Lejos de ser un fracaso, se ha convertido en el icono de Cazorla: un espacio cultural que hoy acoge conciertos y eventos, y que puede visitarse junto a la bóveda subterránea por una entrada simbólica. Bajo la plaza, una pasarela metálica permite recorrer el túnel mientras el agua discurre bajo los pies. La temperatura desciende, el sonido se amplifica y la dimensión de la obra se vuelve casi teatral. Allí se percibe con claridad la tensión entre ambición humana y naturaleza. Cazorla es la suma del Castillo de la Yedra coronando el cerro, las casas blancas en cascada y esta iglesia suspendida sobre un río. Un recordatorio de que el Renacimiento también se escribió en piedra… y de que, incluso cinco siglos después, el agua sigue teniendo la última palabra.