En los últimos tres años Grecia ha experimentado un crecimiento sin precedentes en la llegada de turistas que buscan combinar actividades al aire libre con experiencias culturales. Sin embargo, el éxito del sector turístico del país está comprometiendo la conservación de su patrimonio cultural y natural. Con poco más de diez millones de habitantes, Grecia registró el pasado año un nuevo récord histórico con la llegada de 37 millones de turistas que, según estimaciones del Banco Nacional de Grecia, generaron ingresos de 23.500 millones de euros, es decir, un 8% más que en el ejercicio anterior. Esta afluencia masiva plantea importantes retos de gestión y conservación, especialmente en enclaves protegidos. Tras las restricciones impuestas al acceso a la Acrópolis de Atenas —limitada desde 2024 a un máximo de 20.000 visitantes diarios—, la atención de las autoridades helenas se centra ahora en la protección de otro de los lugares más emblemáticos del país: el monte Olimpo. Con 2.917 metros de altura , el Olimpo es la montaña más alta de Grecia y uno de sus principales símbolos. Considerado en la Antigüedad la morada de los doce dioses del panteón griego, alberga en sus faldas el Santuario de Zeus Olímpico, uno de los sitios arqueológicos más importantes del país. Hoy, además de su incalculable valor cultural, es el parque natural más importante de Grecia y, desde 1980, está reconocido como reserva de la biosfera por la UNESCO. Además, forma parte de la red Natura 2000 como zona especial de conservación, gracias a la riqueza de su hábitat y a la diversidad de su flora y fauna. En 2023, debido a su importancia natural y cultural, se presentó su candidatura para ser declarado como monumento natural por la UNESCO. En los últimos años, el auge del turismo de naturaleza ha disparado su popularidad entre turistas de todo el mundo. Desde el fin de las restricciones de movilidad vigentes en la pandemia, el número de personas que visitan el Olimpo no ha dejado de crecer; con la llegada de la primavera y el deshielo, sus senderos se llenan de excursionistas, alcanzando el punto máximo de visitantes durante el verano y los fines de semana. Esta presión turística ha comenzado a tener efectos negativos en la conservación del entorno y, durante los meses de mayor afluencia, los nueve refugios del Olimpo con capacidad para más de 400 personas, se saturan con frecuencia. A pesar de la prohibición de acampar, decenas de visitantes acceden en vehículo e instalan tiendas en zonas protegidas, lo que genera, entre otros problemas, residuos que ponen en riesgo un ecosistema especialmente frágil. El Olimpo destaca por su biodiversidad, con cerca de 1.700 especies vegetales , entre ellas 25 endémicas, 100 especies de aves, otros mamíferos como corzos, jabalíes, zorros, tejones, cabras salvajes y reptiles como tortugas, víboras y lagartos. Sin embargo, la erosión de los senderos y la ampliación descontrolada de rutas están causando un fuerte impacto sobre la flora y la fauna. A ello se suma un problema de seguridad: personas sin la cualificación necesaria ofrecen servicios como guías y conducen a los excursionistas sin preparación por algunos de los senderos más peligrosos de la montaña. Ante esta situación, el Organismo Griego de Media Ambiente y Cambio Climático ha convocado un concurso para evaluar el impacto del turismo y calcular la capacidad de carga del Olimpo. El estudio analizará factores como la erosión del terreno, el uso de los senderos y la presión de los refugios. Además, tendrá en cuenta la experiencia de los visitantes y la opinión de las comunidades locales. No es la primera vez que se tiene constancia de estos riesgos, sino que, hace una década, un estudio estimó que el monte Olimpo no debería recibir más de 200.000 excursionistas al año . Sin embargo, no se han aplicado aún medidas efectivas para controlar los flujos de visitantes ni para frenar la degradación progresiva del entorno.