Andrés convive con una enfermedad que solo padecen 10 personas en España: "Hasta los 13 años pude morir cada mes. Además de Dios, lo que me salva es el humor"

Andrés Marcio tiene laminopatía. Lo más seguro es que no hayas escuchado este nombre nunca. Cuesta incluso pronunciarla. Es una enfermedad rara que en España solo padecen diez personas y apenas un centenar en todo el mundo. “Soy premium, qué le voy a hacer”, afirma Andrés, que cada día se enfrenta a sus limitaciones físicas con filosofía, humor y con la ayuda de Dios. “Además de Dios, lo que me salva es el humor. Si me río de mis problemas es restarle importancia”, asegura. A sus 22 años, su plan perfecto es tomar algo en la terraza en compañía de sus amigos. Y si es viendo un partido del Atleti, mejor que mejor. A muchos de sus amigos los ha conocido en la carrera de Periodismo, de la que cursa su tercer año. “Tengo unos compañeros increíbles, me recibieron con un cariño increíble. Cuando acaba la clase no me quiero ir a casa, me quedo hablando con la gente”. Lo peor es el desplazamiento en taxis a la Facultad, donde el desembolso es importante: “Llevo 15.000 euros gastados en solo tres cursos”, precisa. La otra faceta de Andrés es la de influencer. Sus vídeos, en la que han colaborado figuras como el seleccionador Luis de la Fuente o la mismísima Reina Letizia para concienciar sobre la necesidad de investigar las enfermedades raras, siempre comienzan con la coletilla '¡Ey tú!'. Idea que le propuso su amigo Gonzalo para enganchar a los usuarios. El día a día de Andrés Marcio no es sencillo. Como él mismo explica, su enfermedad es “como un mercadillo porque tengo de todo”, desde insuficiencia respiratoria, imposibilidad de sujetar el cuello por si mismo, movilidad reducida o un corazón que cada año crece de tamaño, lo que le expone a arritmias malignas que le pueden acarrear la muerte súbita. “Nuestra esperanza de vida es de 18 años que ya he superado con creces”, comenta orgulloso. Pese a las limitaciones, Andrés mantiene una visión positiva de la vida, aunque eso no significa que haya días malos: “Hay días que da rabia, pero pienso que me enfade o no o esté maldiciendo, la enfermedad va a seguir ahí, solo me queda aceptarla y con esto intentar vivir con la mejor actitud posible, siendo feliz cada día”, ha recalcado. Desde pequeño la muerte ronda a Andrés. Es consciente de que en cualquier momento podría ocurrir, aunque sus pensamientos se centren más en exprimir al máximo la vida. “Si me quedaran tres días iría de fiesta con mis amigos, engordaría veinte kilos porque comería todo lo que me gusta, tomaría el sol... Quiero vivir 500 años, pero como sé que estoy viviendo un regalo, me porto bien con todo el mundo, quiero mucho a mis amigos y mi familia y cuando me muera me iré en paz”, ha comentado. Andrés no teme a la muerte, pero le invadiría la pena “no volver a ver a mis familiares cara a cara, no seguir estudiando o trabajando...” Su fe profunda hace que deje en manos de Dios su destino. “Por la enfermedad y la vida que llevo nunca me he enfadado con Dios. He estado al filo de la muerte, incluso mis padres se han tenido que despedir de mí, y en esos momentos no era consciente de que estaba mal, sentía una paz enorme, rezo todas las noches y hablo con Dios bastante y lo dejo en sus manos”. Para Andrés, sus padres son unos héroes por cómo le han cuidado desde pequeño: “Han dado la vida por mí, se han matado a buscar médicos, hasta los siete años no supieron qué enfermedad tenía yo. Hasta los doce o trece años tuve un ingreso al mes por neumonías, he estado a punto de morir cada mes”, ha recalcado. Andrés está dispuesto a seguir mirando a la vida de frente y con optimismo, y si Dios quiere y la enfermedad respeta, tiene claro los sueños que le gustaría cumplir: “Me gustaría casarme y ser padre”.