En un sector donde el relevo generacional es casi una utopía, la historia de Tony y su hija Saray en Granada emerge como un soplo de aire fresco. Conocido en redes como Tony Multiservicio, este albañil de Peligros ha visto cómo su hija ha decidido seguir sus pasos, cambiando los libros por el andamio. Recientemente galardonado con el premio al obrero más completo, Tony defiende una filosofía clara: "Si amas tu trabajo, no pesa", una lección que ahora transmite a la nueva generación de la familia. La vocación de Tony por la obra no es casual. Dejó los estudios con 15 años, en tercero de la ESO, porque "tenía el culillo de mal asiento". Sin embargo, su verdadera escuela fue el día a día junto a su padre, un maestro escayolista. "Lo que he mamado desde chico era la escayola. Yo me iba con mi padre desde los 7 u 8 años; le llenaba las cubetas de agua, le hacía las masillas", recuerda. Esa inmersión temprana en el oficio le convirtió en un profesional detallista, un artesano que hacía maquetas con los restos de material. El aprendizaje fue exigente. Su padre, el hombre que "partía el bacalao" en cada obra, era especialmente duro con él. "Por ser el hijo de mi padre, yo era el que se llevaba todas las broncas. Si había una faena que nadie quería hacer, mi padre me mandaba allí", explica Tony. Pese a todo, fue esa disciplina la que forjó su carácter y su pericia. De su maestro aprendió una de las máximas que todavía hoy aplica y enseña: "La vista es la que trabaja, el cuerpo es un bulto". El camino de Tony no ha estado exento de dificultades. Su trayectoria como autónomo, que inició hace unos 17 años, está marcada por la capacidad de reinventarse. Uno de los golpes más duros llegó cuando tenía "20 para 21 años". La familia perdió un piso por la exigencia de un aval de última hora para un crédito puente, después de haber comprado ya los muebles. "Fue un barquinazo, pero de todo se sale y se aprende para coger impulso", afirma con resiliencia. A los tropiezos personales se sumaron los profesionales, como una penalización de más de 7.000 euros de la Seguridad Social que todavía está pagando. Estos baches le obligaron a dejar de ser autónomo por un tiempo y a trabajar en el taller de su hermano fabricando chimeneas, otra de las especialidades que domina. Sin embargo, su espíritu emprendedor le llevó a volver a establecerse por su cuenta, una decisión que mantiene a día de hoy. El futuro de la empresa familiar parece tomar un rumbo inesperado con la incorporación de Saray, su hija mayor. Tras terminar el Bachillerato, su plan era estudiar un Grado Superior de Educación Infantil, pero se quedó en lista de espera. Probó a trabajar en hostelería, pero la experiencia fue "muy sacrificada". Fue entonces cuando le propuso a su padre unirse al negocio familiar: "Papi, ¿quieres que hagamos esto? Me voy contigo". La decisión no ha podido ser más acertada. Saray, que en el pueblo ya es conocida como "la niña del Tony", ha encontrado su sitio. "Sé que mejor que con él no voy a estar en ningún sitio", confiesa. Lejos de conformarse con el trabajo manual, ha empezado un Grado de Administración y Finanzas online para encargarse de la gestión del negocio y "quitarle el percal" a su padre. Un tándem perfecto que combina la experiencia artesana con una nueva visión empresarial. Aunque Tony confiesa que le hubiera gustado que su hija "estuviera en una oficina", hoy se siente "muy contento" de tenerla a su lado. Su llegada pone sobre la mesa el debate del relevo generacional en la construcción. Tony es claro: formar a un joven sin experiencia es una inversión de tiempo y dinero, y los sueldos iniciales, a menudo bajos, no compiten con otros sectores menos duros. Sin embargo, asegura que un oficial cualificado es un tesoro: "A un tío que lo dejes en la obra y no te dé problemas, le daría 2.800 euros". Para él, la clave sigue siendo la pasión: "No vas por el dinero, vas porque te gusta".