El Sadar ganó el pique a Vinicius para enredarse después con la Policía

Con un Kylian Mbappé mermado que no logra acercarse a la versión imparable que protagonizó en la primera vuelta de la Liga y en la fase inicial de la Champions, fue un Vinicius cada vez más entonado el que se echó al Madrid a la espalda para tratar de sacar algo positivo de la siempre complicada visita al dentista que es para los blancos El Sadar. Hiperactivo y aparentemente poco afectado por lo que vivió unos días antes en Lisboa con el presunto insulto racista de Prestianni , el brasileño fue el principal estilete del equipo de Arbeloa en Pamplona, encarando una y otra vez a la defensa rojilla y bregando con los rivales y el árbitro Alejandro Quintero González desde el primer minuto de partido. También con el público navarro y el recurrente cántico del balón de playa, que se repitió en varias ocasiones entremezclado con el «Asencio muérete», habitual también en varios estadios de la geografía española. No fue sin embargo el del sábado el Vini de otras ocasiones, en las que sus refriegas con los defensores o los piques con la grada acaban sacándolo del partido. Sobre el césped el '7' merengue se centró en su juego y en tratar de espabilar a algunos de sus compañeros, como Camavinga, a quien reclamó varias veces que presionara con más ahínco. Ni siquiera las protestadas decisiones del colegiado, primero el penalti sobre Budimir y después el posible fuera de juego del 2-1, provocaron la erupción del volcán que el madridista lleva dentro. Enfocado en tratar de escapar del entramado defensivo de Osasuna solo tuvo dos momentos de esos que encienden a los hinchas rivales y hacen relamerse a las cámaras. Cuando celebró el gol del empate mostrando su nombre en la camiseta y en la recta final del choque al ser amonestado por protestar. Si el primero de esos gestos fue una revancha contra las burlas del público local, encontraría castigo después en el gol de Raúl García, que selló el primer triunfo de Osasuna en su estadio frente a los blancos en 15 años y desató la locura en el estadio pamplonés. El desconsuelo de los pupilos de Arbeloa contrastaba con las caras de felicidad absoluta de los rivales y sus aficionados tras apuntarse uno de los encuentros que más les motivan. Lo que nadie esperaba en ese escenario de júbilo es que la tarde acabara con una carga policial en las entrañas del estadio una vez finalizado el encuentro. Según informaron después fuentes de la Delegación del Gobierno, los altercados se iniciaron cuando agentes de la policía trataron de identificar al autor del lanzamiento de una botella durante la primera mitad del encuentro. Lejos de colaborar, algunos hinchas «se pusieron violentos», iniciando una trifulca que desembocó en una carga policial, carreras por el interior del recinto, dos detenciones y varios heridos . Osasuna informó en un comunicado que abrirá una investigación para aclarar los incidentes y lamentó «las imágenes que se han presenciado en las zonas interiores del estadio una vez concluido el partido, las escenas de pánico y la afectación que ello ha tenido sobre socios y socias que desalojaban el estadio en ese momento celebrando una gran victoria de su equipo». Poco después JUPOL explicó que «la actuación policial (...) se produjo en apoyo directo al dispositivo de seguridad privada del propio estadio (...) con el objetivo de proceder a la identificación de un individuo que había lanzado un objeto contundente durante el transcurso del partido, hecho que suponía un grave riesgo para la integridad de los asistentes y del normal desarrollo del partido». Una actuación que según el sindicato policial «se vio gravemente obstaculizada por la actitud hostil y organizada de integrantes del grupo ultra Indar Gorri , quienes se negaron reiteradamente a colaborar con los agentes e intentaron impedir activamente la identificación del autor de los hechos, generando una situación de tensión y riesgo que obligó a una intervención policial progresiva». El sindicato mayoritario de la Policía se refirió también al comunicado de Osasuna y calificó de «grave» su «actitud», por haber «trasladado públicamente un relato alejado de la realidad de los hechos, cuando la intervención policial se produjo precisamente en apoyo de su propio dispositivo de seguridad privada y para garantizar la seguridad dentro de sus instalaciones». «Resulta inaceptable que se cuestione la actuación policial cuando esta respondía a la necesidad de identificar a una persona que había cometido un acto violento dentro del estadio y cuando además la intervención fue consecuencia directa de la falta de colaboración y la actitud intimidatoria de grupos ultras perfectamente identificados». Las de Pamplona no fueron los únicos incidentes del fin de semana futbolístico, pues el domingo agentes de la Policía Nacional tuvieron que actuar contra radicales del Valladolid, ubicados en la zona visitante de El Molinón, durante el descanso del partido entre el Sporting de Gijón y el conjunto pucelano. El choque llegó al intermedio con victoria parcial de los visitantes por 1-2 y un intercambio de insultos entre seguidores de ambos equipos en la zona del fondo Norte, cercana a la grada visitante. Miembros de la seguridad del estadio trataron de mediar pero no lograron bajar la temperatura y uno de los aficionados que estaban ubicados en primera línea, cerca del césped, intentó agredir a un miembro de seguridad. Entonces varios policías que estaban de camino a esa zona tuvieron que intervenir de emergencia, con una carga y un despliegue en el interior de la grada visitante que culminó con al menos un aficionado expulsado del estadio.