El primer síntoma de un yonqui es negar que es un yonqui. Pero luego uno sale a la calle y se da cuenta que los yonquis son los padres. Nosotros. Usted. Antes, el azar era conocer a alguien en un bar. Ahora resulta que para conocer a alguien se desliza el dedo por una pantalla. Usted no decide nada. Lo hace un algoritmo que evalúa quién es atractivo, a quién le resulta atractivo usted e incluso cuánto puede estar valorado en el mercado digital. Ya no hay chispa. Hay cobertura. Esto sucede en la mayoría de aplicaciones que un adulto normal se instala en el teléfono inteligente, ese que consigue que usted se vuelva un poco más gilipollas con cada... Ver Más