Como expresión muy ilustrativa de la vileza rampante que se ha adueñado de la vida pública española, convendría que reparásemos en la repulsiva frasecita que soltó el ministrillo Marlaska la pasada semana, en el curso de una sesión parlamentaria donde se le pedían responsabilidades por unas presuntas agresiones sexuales perpetradas por un gerifalte policial de su confianza: «Si la propia víctima no se ha sentido protegida o ha entendido que este ministro le ha fallado en algún sentido, evidentemente yo sí que renunciaré y sí que dimitiré». No se nos escapa que semejante bazofia iba dirigida a la masa cretinizada, una papilla humanoide que ha renunciado a las nociones morales más elementales; pero llama la atención que ni siquiera en... Ver Más