En el confín de las vidas que construyeron hogares, criaron hijas e hijos y sostuvieron silencios y trabajos invisibles, se esconden hoy las cifras más duras de nuestro sistema de pensiones. En Navarra, una comunidad con un tejido social orgulloso de su cohesión, las pensiones siguen siendo un espejo desigual: según los últimos datos, las mujeres perciben, de media, un 35% menos que los varones. Esto se debe a que el sistema de pensiones se rige por un principio simple y férreo, del que muchas mujeres no tuvieron conocimiento en aquel entonces: cuanto mayor fue la cotización durante la vida laboral, mayor es la prestación.