Guillena se echó al ruedo. Y lo hizo como saben los pueblos con memoria taurina: llenando los tendidos, arropando a los toreros y convirtiendo el festival en un acto colectivo, de esos que mezclan familia, afición y emoción. El recinto taurino más antiguo de la provincia fue este domingo un hervidero desde mucho antes del paseíllo, con ambiente de víspera grande y ese rumor previo, aún de festival antesala de temporada, que anuncia que algo va a pasar. Se lidiaron reses de la ganadería de Espartaco , un encierro bien presentado que, en líneas generales, dio juego y permitió el lucimiento de los actuantes, con varios animales de clase y transmisión. Abrió plaza Jesulín de Ubrique , que recibió al... Ver Más