El Carnaval de Pozoblanco se despidió como mandan los cánones, con ese Domingo de Piñata que ya es un clásico, donde la imaginación tomó las calles y los disfraces impusieron su color y fantasía. Desde la Cruz de la Unidad hasta la calle Real, el pasacalles avanzó como un río desbordado de música y risas, marcando con cada paso el pulso festivo de un pueblo entregado a la celebración.