Sería final de la década de los 40, y buena parte de los 50, cuando en Orihuela y toda la comarca existía una gran afición por la colombicultura. La cría y vuelo de palomos deportivos estaba muy arraigado en nuestra tierra, las competiciones se llevaban a cabo, generalmente, durante los fines de semana. Los torneos eran organizados por los mismos aficionados. Consistía en soltar una paloma con una pluma larga y blanca pegada en su cola —eso se hacía para distinguirla del resto—, los concursantes daban suelta a su mejor palomo que seguía a la hembra; se valoraba la faena de cada uno para conquistarla: zureo, ruedas, pisadas, etcétera.