El centenario de la muerte de Antonio Maura (1853-1925) ha motivado la celebración de actos conmemorativos sobre la trayectoria del gran político mallorquín. Sobresalen las como las jornadas organizadas por la Universidad CEU-San Pablo y la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, o el documental Maura en 10 traços, una iniciativa del Govern de Marga Prohens, coordinada por el Institut d’Estudis Baleàrics, realizada por Nova Produccions e IB3. Un reportaje espléndido, con documentos inéditos y voces plurales, que nos explica la poliédrica trayectoria de quien llegó a ser hasta en cinco ocasiones presidente del Gobierno. Los diez hermanos Maura Montaner, que formaron una familia con gran influencia en la Mallorca del último tercio del XIX y principios del XX, dejaron huella no sólo en la política. También en la Iglesia por las iniciativas y aportaciones del presbítero y profesor Miguel Maura Montaner (1843-1915), que fundó la congregación de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico. En su vocación influyó decisivamente el historiador menorquín José María Quadrado, que lo incorporó a la Asociación de Católicos de Mallorca. Miguel Maura abrió en Palma la primera casa de la congregación en 1902 y la segunda, en Madrid, en 1908. Falleció con fama de santidad y ahora se cumple un año del decreto que firmó el papa Francisco, cuando estaba hospitalizado: la aprobación de las virtudes heroicas de este sacerdote mallorquín. Es el primer paso para la beatificación, primero, y la canonización, después, de Miguel Maura. Corresponde ahora a León XIV dar continuidad a este proceso, y concluir la canonización de Ramon Llull, que sólo se cerrará con un procedimiento equipolente. Pero antes ha de nombrar al próximo obispo de Mallorca, que relevarà a Sebastià Taltavull. El nuncio Piero Pioppo trabaja con discreción.