Mudanzas en la base de Rota

El empuje diplomático de Marruecos como fiel aliado de Washington, la guerra dialéctica declarada por Pedro Sánchez a Donald Trump como encarnación de la «internacional ultraderechista», el rechazo del Gobierno a incrementar el gasto en defensa que exige la OTAN y los ajustes presupuestarios de un Pentágono que comienza a desplazar su maquinaria bélica hacia el Pacífico en detrimento de una Europa cada vez más desprotegida confluyen en la provisionalidad logística de la base de Rota, hasta ahora clave para apuntalar el escudo antimisiles de Estados Unidos. No corre peligro la continuidad de una instalación militar que Washington va a seguir necesitando para sus operaciones en Oriente Medio, pero sí su papel como pilar de la defensa europea, debilitada por el repliegue que, ahora apresurado, ejecuta la Casa Blanca desde hace años. Que desde fuera de la Alianza Atlántica, pero con sobrada habilidad política, Marruecos se haya posicionado como alternativa estratégica dice mucho de las carencias diplomáticas de España, hasta sacrificar su imagen internacional de socio fiable y solidario.