Camino de los 39 años, mientras deshoja con la tensión de un guionista de cine negro la margarita sobre su futuro inmediato, Iago Aspas sigue con esa rutina que consiste en cuidar del estado de ánimo de esa parroquia que ya no encuentra altar al que subirle porque todos parecen demasiado poco para su grandeza. Tras marcar y dar una asistencia en Salónica el pasado jueves, el delantero moañés completó su semana asombrosa anotando el doblete que ayer acabó con la resistencia del Mallorca en Balaídos y coloca a los vigueses en la sexta posición de la tabla, con la permanencia virtual ya en el bolsillo y cargado de esperanzas para pelear por sueños más importantes. Los goles de Aspas desatascaron un partido que puso a prueba la paciencia de un Celta que tuvo que esperar para trasladar al marcador la superioridad que se reflejaba en el campo y en la estadística.