Irán hace una purga entre los elementos favorables a las reformas del régimen

Existe un vídeo, que se podría pensar que es de la oposición iraní, en el que se ven sudarios, más sudarios, cientos de sudarios, alineados bajo una lluvia torrencial en la plaza Azadi, en Teherán, o a lo largo del famoso puente Khaju, en Isfahán, y luego a una madre abrazando a su hijo muerto. A continuación más imágenes, entre ellas campos de tulipanes rojos que, según la leyenda, crecen gracias a la sangre derramada por los mártires. Y sus almas se transforman en nubes de ángeles absorbidos por un pozo de luz. Por último, un mapa de un Irán amordazado, con estas palabras, en persa y en inglés: “Nuestra patria sangra, no miren hacia otro lado, sean nuestra voz”. Esas imágenes, realizadas con inteligencia artificial (IA), proceden de la cuenta de Instagram de una figura de la República Islámica, Gholamhossein Karbaschi, actual líder de los Kargozaran (los reconstructores), una de las principales facciones que se disputan el poder. Esta facción, aliada con los reformistas, permitió la elección, en 2024, del actual presidente Masoud Pezeshkian. Aunque siempre se ha opuesto a los ultras del régimen, lo que le ha valido dos encarcelamientos, Karbaschi ha sido un ferviente defensor de la República Islámica. Gobernador de Isfahán y luego alcalde de Teherán (de 1989 a 1998), este religioso le debe mucho al expresidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyani, uno de los principales enterradores de las aspiraciones democráticas de los iraníes tras la revolución islámica de 1978. El exalcalde, que de moderado no tiene nada, no reniega en absoluto de Rafsanyani, apodado “el tiburón”, cuyos dos mandatos (de 1988 a 1995) ya se vieron empañados por la sangrienta represión de los levantamientos populares . Pero ahora parece haber tomado distancia con el poder. “Condeno lo que ha ocurrido. Una manifestación que degenera en una catástrofe es inadmisible. Aunque haya habido instigadores, las fuerzas de seguridad deben responder por sus actos”, declaró en una reciente entrevista a la web IranWire (cercana a la oposición). También calificó las manifestaciones de enero como un punto de ruptura sin precedentes, “no solo en la historia de la revolución islámica, sino también en la historia global de Irán”. Curiosamente, aunque la más mínima disensión con el régimen puede acarrear un arresto inmediato o una citación con amenazas, el jefe de Kargozaran no ha sido detenido. En cambio, su periódico Ham-Mihan fue suspendido oficialmente el 18 de enero. En un editorial, este medio había comparado la situación actual con la de 1979, cuando triunfó la revolución islámica. El mismo periódico publicó además un artículo de la periodista Elaheh Mohammadi sobre el impacto de la represión en la atención médica. Esta periodista ya era famosa en Irán por haberse atrevido a informar sobre el funeral de Mahsa Amini, cuya muerte, en septiembre de 2022, desencadenó el movimiento Mujer, Vida, Libertad, lo que le valió cumplir casi dos años de prisión. Pero el régimen se ha mostrado implacable con varios líderes de la coalición del Frente Reformista . En un comunicado publicado el 1 de febrero, este denunció la violencia de la represión y ha propuesto la creación de una “asamblea de salvación” . Entre las cinco figuras detenidas por los Pasdaran (Guardianes de la Revolución) se encuentran la secretaria general del movimiento, Azar Mansouri, su portavoz, Javad Emam, y dos exdiputados, Ebrahim Asgharzadeh y Ali Shakouri Rad, que había sido uno de los directores de campaña de Masoud Pezeshkian. Estas personalidades fueron puestas en libertad bajo fianza tras varios días de detención, aunque los graves cargos que se les imputan pueden acarrearles largas penas de prisión: “atentado contra la unidad nacional”, “coordinación con la propaganda enemiga” y “creación de mecanismos subversivos secretos”. La última acusación parece referirse a una reciente reunión cuyo objetivo era, según la BBC en persa, que cita fuentes cercanas a la corriente reformista, formar esa “asamblea de salvación” de la que habla el comunicado. No es la primera vez que los reformistas son blanco del nizam (el “sistema”). Este término “paraguas” se utiliza para designar tanto a la Oficina del Guía Supremo Alí Jamenei como a la institución judicial que organiza la represión, al Cuerpo de Guardianes de la Revolución que la lleva a cabo y al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, creado recientemente tras la “guerra de los doce días” de junio de 2025, dirigida por Israel y Estados Unidos. En 2009, el movimiento reformista sufrió una represión implacable , tras la protesta de millones de iraníes en las calles contra la elección del ultra fundamentalista Mahmud Ahmadineyad. Desde entonces, estos dirigentes han recuperado su lugar en la República Islámica. Incluso han ganado dos elecciones presidenciales gracias a su alianza con los Kargozaran. Sin embargo, con el paso de los años, se han desacreditado bastante ante la población. La población los acusa de duplicidad, incluso de complicidad con las fuerzas conservadoras , como el presidente Pezeshkian. Además, ahora están divididos en dos grupos. El primero reclama la redacción de una nueva Constitución y la instauración de un nuevo sistema de gobierno. El segundo, en el que participa el expresidente Mohammad Jatami, insiste en la necesidad de superar las líneas rojas fijadas por el Guía Supremo, es decir, la crítica a su persona, y la apertura de negociaciones directas (sin mediación) con Estados Unidos. En definitiva, este componente del régimen no representa una amenaza para lo que los especialistas denominan “el Estado profundo iraní”. Pero este ya no está dispuesto a tolerar la más mínima disidencia. “El régimen ha purgado tanto sus filas que ya no le queda casi nadie a quien atacar” , señala el historiador Clément Therme, autor de Idées reçues sur l’Iran. Un pouvoir à bout de souffle? ( Ideas recibidas sobre Irán. ¿Un poder casi muerto? , edit. Le Cavalier bleu, 2025). “Dicho esto, se ve que se ha mantenido firme. Sin duda hay disensiones dentro del poder, pero no se ven.” Hay indicios, no obstante, de que el poder teme perder su capacidad de controlar a la población por la fuerza . Ya cuenta con poderosas fuerzas antidisturbios, de entre 200.000 y 300.000 hombres, que constituyen su primera línea de defensa; unos 450.000 milicianos del Basij , una fuerza paramilitar encargada del control social; y unos 150.000 Pasdaran repartidos en 32 centros por todo el país. Pero ha tenido que recurrir a refuerzos procedentes de fuera de Irán . No son nuevas las acusaciones contra el régimen de utilizar milicianos iraquíes, afganos, pakistaníes y libaneses para ayudar a sofocar las manifestaciones. “Pero hasta ahora”, indica Clément Therme, “nunca se habían podido documentar. Por primera vez, hay dos fuentes directas coincidentes para cada miliciano identificado. Se ha superado la fase de los rumores. En el contexto iraní, esto es excepcional”. Según los testimonios recopilados por la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), estos milicianos han intervenido especialmente en Karaj, en las afueras de Teherán, donde las protestas han sido particularmente intensas y se ha producido un número considerable de víctimas. “Los días 8 y 9 de enero, las calles de Karaj estaban abarrotadas de gente. Y la gente fue masacrada. Su brutalidad era tal que no mostraban ninguna piedad hacia nosotros. Hablaban árabe entre ellos . Ante nuestros ojos, remataron a los heridos, incluso a lo que tenían heridas leves. Se hicieron incluso selfies con los cadáveres”, declaró uno de los testigos que pide el anonimato. Según el canal de noticias Iran International , con sede en Gran Bretaña y cercano a la oposición, al menos 800 milicianos de las milicias chiitas iraquíes más radicales llegaron en autobús para apoyar al régimen, con el pretexto de peregrinar al santuario del imán Reza en Mashhad (este de Irán). Según la cadena CNN, que cita una fuente de seguridad iraquí, su número podría ascender a cerca de 5.000. Por su parte, el grupo de reflexión Institute for the Study of War, con sede en Estados Unidos, señaló que varios oficiales superiores habían sido sustituidos y otros nombrados durante los disturbios, lo que podría indicar disfunciones en la cadena de mando y “un problema crítico con los titulares de esos puestos”. Mientras tanto, el poder se está ensañando con la Premio Nobel de la Paz Nargess Mohammadi. La periodista fue condenada el 8 de febrero a seis años de prisión por “reunión y colusión con el fin de cometer delitos” y a un año y medio por “actividades de propaganda”. Hace unos días, el Comité Nobel indicó que había recibido información fiable según la cual había sido violentamente agredida durante su detención. Actualmente hay cincuenta y cuatro presos políticos condenados a la horca , entre ellos dos mujeres. Uno de ellos es un joven soldado que se negó a disparar contra la multitud. Traducción de Miguel López