No hay día que no nos escandalicemos ante las muestras de autoritarismo, que no hagamos inventario de los horrores ni que lloremos por todos los errores. Pensar, argumentar, discutir es importante, pero nada de esto está cambiando el curso de lo que parece inevitable. Los liderazgos, los mensajes y los canales se han convertido en provocadores y agitadores de las emociones negativas. Y las redes han conseguido multiplicar su efecto.