Nadie puede negar el efecto Rufián. Dicho de otro modo, cómo ha sido capaz de poner dentro de una habitación, tan pequeña como escasa ha sido históricamente la colaboración entre las izquierdas, el elefante de la imprescindibilidad de un entendimiento. Urgente desde nuestra perspectiva, atendiendo a que las consecuencias de una victoria de PP-Vox (siempre que la derecha española ha llegado a la Moncloa ha estado más de una legislatura) no solo serán letales para las libertades (presencia de la ilegalización de los partidos independentistas en el programa de la ultraderecha) y para la cohesión social, a raíz de la hoja de ruta del desmantelamiento del Estado de bienestar, sino también para la catalanidad más básica, como la que se fundamenta en un sistema educativo que aspira a convertir el catalán en lengua común de un país diverso. Es prueba de ello el compromiso del partido de Feijóo de crear, si llega a la Moncloa, un cuerpo de alta inspección educativa del Estado «para velar por los derechos lingüísticos de todos los alumnos y que puedan recibir enseñanza en la lengua oficial del Estado residan donde residan».