La palabra prohibir no siempre es mala. Se prohíbe ir a una velocidad excesiva, se prohíbe ir en contra dirección, un semáforo en rojo te prohíbe cruzar por tu bien, está prohibido defecar en la vía pública (si eres humano, claro), está prohibido robar en una casa y hemos dado por bueno que fumar en un avión o un tren o un taxi está prohibido. Las prohibiciones no dejan de ser exigencias regulatorias para no hacer algo. Sin embargo, rechazamos, y con razón, que nos prohíban leer libros, o ver una película, o decir según qué cosas, porque eso está en contra de la libertad de expresión.