Sin equilibrio - Un estudio publicado en 'Earth’s Future' reveló que la expansión forestal impulsada por la Gran Muralla Verde y otros programas redujo el agua disponible en el este y el noroeste de China y la aumentó en la meseta tibetana Reforestar todos los bosques perdidos ayudaría a enfriar la Tierra, pero no bastaría para frenar el cambio climático Plantar árboles cambia la tierra, pero también cambia el agua. China convirtió el desierto de Gobi en un proyecto forestal masivo con la idea de frenar la arena y fijar carbono en el suelo, y ese giro alteró el aspecto y el funcionamiento de amplias zonas del norte del país. El plan levantó un cinturón verde que puede apreciarse incluso desde el espacio, y durante años se presentó como ejemplo de lucha contra la desertificación. Sin embargo, transformar un territorio árido en superficie arbolada implica que el agua se mueve de otra manera, y esa redistribución no siempre coincide con el lugar donde se plantan los árboles. Los árboles enviaron humedad a la atmósfera y el viento la repartió por otros cielos Un estudio publicado en la revista científica Earth’s Future examinó esa expansión forestal asociada a la Gran Muralla Verde de China y determinó que modificó la disponibilidad de agua en distintas regiones del país. El trabajo analizó el periodo 2001-2020 y detectó que el aumento de vegetación redujo los recursos hídricos en el este influido por el monzón y en el noroeste árido, mientras que en la meseta tibetana se produjo un incremento. Los investigadores atribuyeron estos cambios a la intensificación de procesos ligados a la cubierta vegetal, y advirtieron que deben tenerse en cuenta en futuras estrategias de reforestación. El mecanismo principal es la evapotranspiración , que integra la evaporación y la liberación de vapor de agua por las hojas a través de sus estomas. Cuando se multiplican los árboles, también crece la cantidad de humedad que pasa del suelo a la atmósfera. El debate sobre reforestar ya no se limita a plantar, sino a calcular bien sus efectos La meteoróloga Jennifer Gray explicó que “esto es básicamente donde la humedad se libera a la atmósfera por pequeños orificios en las hojas”. Gray añadió que “es básicamente como las bombas naturales de la Tierra”. Ese bombeo continuo no se queda en el mismo sitio, porque el aire desplaza la humedad a grandes distancias y altera el patrón de lluvias. Esa redistribución tiene consecuencias desiguales. Las regiones del norte concentran alrededor del 46% de la población y más de la mitad de las tierras cultivables, pero solo disponen del 20% de los recursos hídricos, según el estudio. Cuando la humedad se dirige hacia la meseta tibetana, el este y el noroeste pierden parte de su disponibilidad de agua. Gray señaló que “ realmente creó una distribución desigual del agua ”, y recordó que quienes viven en las zonas afectadas perciben con claridad los cambios en sequías o lluvias intensas. Las cifras del programa muestran una plantación a una escala pocas veces vista Las cifras de la expansión forestal ayudan a entender la magnitud del proceso. De acuerdo con Reuters , China ha plantado árboles en una superficie que ronda 300.438 millones de metros cuadrados, lo que elevó la cobertura forestal del 10% en 1949 a aproximadamente el 25% en 2024. Algunas estimaciones apuntan a 78.000 millones de árboles añadidos desde principios de los años ochenta. Ese despliegue se enmarca en el programa de los Tres Nortes , iniciado en 1978 y dado por concluido el año pasado por la prensa estatal china, con el objetivo de frenar tormentas de arena procedentes del Gobi y del Taklamakán. En el Sahel optaron por proyectos locales en lugar de grandes filas continuas de árboles Mientras tanto, en África la respuesta frente al avance del Sahara siguió otro camino. La Gran Muralla Verde africana nació como una franja continua de árboles, pero evolucionó hacia un mosaico de proyectos de restauración gestionados por comunidades locales. Once países del Sahel trabajan para recuperar hasta 100 millones de hectáreas degradadas, capturar cientos de millones de toneladas de carbono y generar empleo en zonas vulnerables. Sobre el terreno se apuesta por agroforestería, regeneración natural asistida, cosecha de agua de lluvia y especies autóctonas adaptadas a la aridez, en lugar de grandes plantaciones homogéneas. Once estados africanos apostaron por recuperar terrenos degradados con agroforestería El debate que rodea a estas iniciativas supera el caso chino. La deforestación mundial se ha ralentizado en la última década, aunque la superficie total de bosques sigue disminuyendo y muchos proyectos recientes son poco diversos. Al mismo tiempo, la demanda de agua dulce, tierra fértil y alimentos crece con la población. Los investigadores subrayaron que “comprender estos efectos es fundamental para planificar una gestión sostenible del territorio y del agua en China”, una advertencia que también vale para otras regiones donde la falta de agua ya condiciona cultivos, ciudades e infraestructuras.