Cuando Sergio Milagros se sienta en su silla en uno de los laboratorios del CIMA –rodeado de botes, tubos de ensayo, pruebas de distinta índole y miles de post-it– lo hace como investigador en terapia génica renal pero también como paciente. Y es que Sergio, vecino de Pamplona de 28 años, padece hipomagnesemia familiar con hipercalciuria y nefrocalcinosis, una enfermedad rara –también llamada síndrome de Michaelis-Manz–, que provoca que los riñones no sean capaces de absorber el magnesio, el calcio y el fósforo, provocando calcificaciones que degeneran en una disfunción renal.