Hubo un tiempo en que a quienes se salían del carril los escondíamos. No siempre con mala intención, pero sí con miedo. Hoy no los ocultamos, sino todo lo contrario: los sentamos en horario de máxima audiencia, les ponemos foco, plató y millones de ojos atentos. Antes se susurraba al psiquiatra; ahora se grita a cámara, con máscara, cola y un contador de seguidores esperando el próximo aullido.