Ponga la otra mejilla, por favor, que le voy a abofetear de nuevo, sí, querido lector, si es usted tal vez cristiano, lo ha de aceptar, pese a mi caradura, mi mano dura y mi perfidia integral. Aunque nada dice el texto evangélico de lo que venga detrás, una tercera no parece que se haya de aceptar y, además, no podemos poner la mejilla de los demás, ni la de nuestros hijos; sería estúpido y antinatural. No es justo dejar que asalten a otros, que padezcan los buenos, los justos, y que se justifique a los malhechores. Una sociedad que favorece a los peores está abocada al fracaso, ya sé que decir esto parece tonto, innecesario o de sentido común, pero no tiene sentido ni es común que nuestro país haya sufrido así durante años este general oprobio.