En el laberinto blanco de la Judería de Córdoba, a pocos pasos de la Mezquita-Catedral, hay una mesa que casi siempre está llena. Taberna el nº 10 es una de las paradas gastronómicas del centro recomendadas por la Guía Michelin . La carta de Taberna el nº 10 es un homenaje al recetario andaluz con pequeños giros que la actualizan sin perder identidad. Arrancar con una mazamorra acompañada de almendras fritas, pasas en oloroso y manzana ácida es volver a los orígenes, pero con un equilibrio de matices que la hace contemporánea. La ensaladilla de gambas al ajillo o el pincho de tortilla cremosa hecha en el día confirman que aquí lo clásico se respeta. En el apartado más castizo, la oreja de cerdo frita con mayonesa de pimentón es pura taberna, mientras que la sardina ahumada en tosta con salmorejo conecta mar y tradición cordobesa en un solo bocado. La selección de ibéricos, caña de lomo, cecina de León, morcilla achorizada, marca el nivel de los productos de la casa. Y para quienes buscan algo más fresco, el carpaccio de salmón curado en casa con salsa tártara y pan de cristal o el tomate de temporada con bonito curado y aguachile aportan ligereza y contraste. En una taberna andaluza que se precie no puede faltar la fritura bien hecha. Aquí la rosada frita al limón con mayonesa cumple con nota, al igual que el taco-tortilla de camarones con aguacate y gamba blanca , que combina tradición gaditana con un guiño actual. Las carnes suben el nivel: presa ibérica de bellota con pimientos del Padrón , lomo de vaca madurado 40 días a la plancha con patatas o las albóndigas de vaca en salsa con crema de boniato son opciones pensadas para quienes buscan platos más contundentes. Mención aparte merece el sándwich de rabo de toro con su salsa, mantequilla de oveja y velo de papada , una versión atrevida de uno de los guisos más emblemáticos de Córdoba que demuestra que con la tradición también se puede jugar. Los postres mantienen el listón. La tarta de queso con helado de pistacho es uno de los favoritos, mientras que las combinaciones de limón y chocolate blanco o propuestas como el pastel cordobés reinterpretado ponen el broche perfecto a la experiencia. Córdoba es una ciudad que se recorre con la vista, pero se entiende con el paladar. Su gastronomía es memoria colectiva: salmorejo, rabo de toro, flamenquines, vinos generosos y ese recetario que ha sabido mantenerse vigente generación tras generación. La cocina cordobesa, con cada plato y en cada barra, sigue contando su historia.