Las hormigas demuestran ser la civilización más poderosa y antigua de la Tierra

Mientras la humanidad centra la atención en sus propios logros y conflictos, un poder más silencioso y antiguo funciona bajo nuestros pies. Se trata de las hormigas, un imperio subterráneo que, según los expertos, constituye la civilización más antigua y eficiente de la Tierra. Con una población estimada de 20.000 billones de individuos y una presencia en el planeta que se extiende por decenas de millones de años, su historia y organización superan con creces a la del ser humano. A diferencia de las sociedades humanas, una colonia de hormigas funciona como un superorganismo donde no existe un poder central. Según explica el divulgador Guillermo Díaz, la figura de la reina no es la de una monarca que da órdenes, sino que su función es puramente reproductiva: "es básicamente la fábrica, el órgano reproductor de la colonia". En este sistema, las decisiones emergen de manera colectiva, a través de una compleja red de comunicación. El lenguaje de las hormigas es químico. Se comunican principalmente a través de feromonas, moléculas que liberan para dejar rastros hacia la comida, señalar un peligro o delimitar su territorio. Este sistema se complementa con el contacto físico a través de sus antenas y un comportamiento conocido como trofalaxia, el intercambio de comida boca a boca que también transmite información vital sobre el estado de la colonia. Las hormigas también hacen la guerra, y sus conflictos pueden durar cientos de años. Estas batallas no son caóticas, sino que responden a estrategias de expansión territorial o la captura de crías de otros nidos para esclavizarlas. Utilizan armamento como el ácido fórmico, que lanzan para ablandar a sus enemigos, y señalizan el campo de batalla con feromonas para dirigir refuerzos a los puntos calientes del frente. Lejos de ser una metáfora, las hormigas practican la agricultura y la ganadería desde hace millones de años. Especies como las cortadoras de hojas no comen el material que recolectan, sino que lo usan para cultivar un hongo específico que constituye su alimento. Otras especies actúan como ganaderas, criando rebaños de pulgones a los que protegen y "ordeñan" para obtener una secreción azucarada de la que se nutren. La increíble capacidad de adaptación de este imperio tiene su máximo exponente en la hormiga enana argentina. Originaria de Sudamérica, ha logrado colonizar casi todo el planeta. Para sobrevivir en climas fríos, aprendieron a usar la baba de caracol como protección y a consumir frutos fermentados para obtener calor y energía, lo que les permitió expandirse hasta convertirse en el imperio animal no microscópico más grande conocido. La observación de este imperio silencioso ofrece una lección de humildad para la especie humana. Nos recuerda que no somos el centro de todo y que existen otras formas de éxito basadas en la organización colectiva y la adaptación. La eficiencia de la colonia, sin embargo, tiene un precio, pues como afirman los expertos, "en una colonia, el individuo importa poco, todo está al servicio del conjunto", una realidad que resulta tan admirable como aterradora.