La gala de los premios BAFTA 2026 tenía como protagonistas al cine internacional, pero la conversación terminó centrándose en la monarquía. Kate Middleton y el príncipe Guillermo hicieron una aparición inesperada en el Royal Festival Hall de Londres, un gesto que fue interpretado como algo más que apoyo cultural: una declaración pública de estabilidad. La presencia no figuraba en la agenda oficial. Y precisamente por eso fue significativa. Llegó en la semana más delicada reciente para la Casa Real británica, tras el impacto mediático provocado por la detención del príncipe Andrés, tío del heredero al trono. Desde 2010, el príncipe de Gales es presidente honorífico de la Academia Británica de Cine y Televisión, por lo que su asistencia encaja institucionalmente. Sin embargo, el peso simbólico recayó especialmente en Kate Middleton, que regresaba a la gala tras años de ausencia debido a su proceso de recuperación médica. Su estilismo reforzó la lectura pública del momento. Apostó por un vestido vaporoso en degradado rosa firmado por Gucci, una pieza ya utilizada anteriormente, combinado con bolso de terciopelo granate y melena suelta ondulada. El heredero, por su parte, eligió chaqueta de terciopelo berenjena. La coordinación estética proyectó una imagen clara: unidad. Ambos fueron recibidos por la directora ejecutiva de la Academia, Jane Millichip, y el lord teniente de Londres, Ken Olisa, antes de recorrer la alfombra roja entre fotógrafos y curiosos. Ya dentro del teatro, participaron con naturalidad en conversaciones con nominados y cineastas. Durante el evento también dejaron momentos más personales. Guillermo confesó no haber visto 'Hamnet', una de las películas destacadas del año, explicando que necesitaba un momento de tranquilidad que actualmente no tiene. Kate, en cambio, sí la había visto y reconoció haberse emocionado profundamente: terminó, según explicó, "con los ojos hinchados". El cine es una afición compartida por la pareja y también por sus hijos. El heredero comentó entre bromas que George, Charlotte y Louis discuten por el mando de la televisión, señal de que la tradición familiar también incluye la cultura audiovisual. La presencia en los BAFTA tuvo una lectura institucional evidente. La monarquía británica ha estado históricamente vinculada a estos premios, hasta el punto de que la propia Isabel II recibió un galardón honorífico por su apoyo al cine y la televisión. En este contexto, la aparición pública no fue casual. Funcionó como mensaje: continuidad en medio de la crisis. Mientras el foco mediático se centraba en los acontecimientos recientes relacionados con el príncipe Andrés, los príncipes de Gales eligieron la visibilidad pública y la normalidad protocolaria. La alfombra roja se convirtió así en algo más que una cita cultural. Fue un escenario político simbólico donde la Corona buscó transmitir estabilidad. Y en la monarquía contemporánea, las imágenes —tanto como los discursos— siguen siendo una herramienta de comunicación esencial.