La conexión entre el intestino y la piel es un campo de creciente interés científico. En una entrevista en COPE Cool, la doctora Sari Arponen, médico internista especializada en microbiota, ha explicado cómo la salud intestinal influye directamente en el aspecto y la salud de nuestra piel, que actúa como un reflejo del equilibrio interno del organismo. La microbiota intestinal regula la función del sistema inmunitario y el metabolismo, siendo clave para absorber nutrientes críticos para la piel como la vitamina C o el zinc. Según Arponen, si el intestino tiene una microbiota en equilibrio, "se van a enviar señales de calma, antiinflamatorias, al sistema inmunitario", lo que permite que la piel funcione mejor, esté hidratada y se regenere de forma óptima. Esta comunicación se produce en dos sentidos a través de varias vías. Una de ellas es el sistema inmunitario, donde "fragmentos o sustancias producidas por las bacterias del intestino van a influir" en los linfocitos T, que llevan señales a la piel. Otra vía es la metabolómica, a través de sustancias como el butirato, un ácido graso con efectos antiinflamatorios. Finalmente, la vía neuroendocrina regula hormonas como el cortisol y modula neurotransmisores, influyendo en la producción de sebo, lo que ha llevado a la creación de unidades de psicodermatología. Este desequilibrio intestinal está relacionado con patologías cutáneas comunes. La doctora señala que en la rosácea "hay mucha frecuencia de SIBO", un exceso de bacterias en el intestino delgado. En la dermatitis atópica, se observa menor diversidad de bacterias intestinales, y en el acné influyen la resistencia a la insulina y la inflamación de bajo grado, ambas conectadas con la salud intestinal. La doctora Arponen advierte que no solo los antibióticos afectan a la microbiota. Muchos fármacos pueden alterar su equilibrio, reducir su diversidad y favorecer la aparición de problemas en la piel. Concretamente, ha señalado el riesgo de "los mal llamados protectores de estómago, porque no protegen el estómago, el Omeprazol y familia", que al alterar el pH gástrico pueden causar un desequilibrio intestinal con repercusiones cutáneas. Aunque subraya que los fármacos deben tomarse siempre bajo prescripción médica, Arponen ha apuntado que "la toma de los probióticos adecuados puede ayudar a reducir el impacto negativo de los fármacos". Mejorar la barrera intestinal es clave, ya que esto contribuye a mejorar también la barrera cutánea, reduciendo el estrés oxidativo y la inflamación que envejecen la piel. La alimentación es un pilar fundamental, ya que las bacterias intestinales transforman lo que comemos en diferentes sustancias. Una dieta rica en polifenoles, fibra y grasas de calidad, como la dieta pesco-mediterránea con abundancia de hortalizas y pescado, genera un entorno protector. Por el contrario, los azúcares, aditivos y ultraprocesados favorecen un ambiente proinflamatorio. Además de la dieta, otros hábitos diarios que ayudan a cuidar la microbiota son el contacto con la naturaleza, el ejercicio físico y, de manera muy importante, respetar los ritmos circadianos, asegurando un descanso suficiente. En el futuro, la experta vaticina que los avances en investigación permitirán tratamientos más específicos, con una medicina de precisión que module la microbiota de forma personalizada.