La vida cotidiana y la actividad comercial en el corazón del barrio del Raval de Barcelona se han visto seriamente alteradas desde el pasado mes de julio. Los vecinos y comerciantes de tres de sus calles más emblemáticas, el Carrer de Montserrat, el Carrer de l’Arc del Teatre y el Carrer de Santa Mònica, en pleno distrito de Ciutat Vella, llevan más de ocho meses conviviendo con constantes caídas de tensión y cortes de suministro eléctrico. Esta situación, que se ha vuelto insostenible, afecta de manera directa a la rutina de los residentes, obligados a vigilar el uso de sus electrodomésticos, y amenaza la supervivencia de los negocios, especialmente la de los restaurantes, que ven interrumpida su actividad en los momentos de mayor afluencia de clientes. La incertidumbre se ha instalado en esta zona, donde un acto tan simple como encender un horno o el aire acondicionado puede dejar a toda una calle a oscuras. Los negocios de restauración son, sin duda, los más perjudicados por esta crisis energética localizada. Los apagones no se producen de forma aleatoria, sino que suelen coincidir con las horas de máxima actividad, como el servicio de menús del mediodía o a última hora de la tarde. Un propietario de un bar de la zona relata la frustración que sienten: "Sobre todo en verano, que es cuando ponemos el aire acondicionado, se va yendo la luz en todos los bares, se va completa en esta calle". El problema se agrava durante el horario pico del menú, "a partir de la una, o quizás antes, cuando están encendidos los hornos, y se nos va la luz, se nos ha ido a todo". Esta interrupción constante no solo provoca la inutilización de equipos esenciales como hornos, neveras y cafeteras, sino que también genera importantes pérdidas económicas y un daño reputacional difícil de reparar. Las consecuencias van más allá de no poder atender a la clientela. Un apagón en pleno servicio puede suponer la pérdida de todo el género almacenado en las cámaras frigoríficas, un golpe devastador para la economía de estos establecimientos. La situación ha llegado a extremos desesperados, con jornadas en las que los cortes se han prolongado hasta por tres horas. Los afectados relatan incluso un día en el que solo dispusieron de una hora de electricidad en todo el día, lo que les impidió también usar servicios básicos como la ducha o la calefacción. Este caos eléctrico convierte la planificación diaria en una tarea imposible y somete a los comerciantes a un estrés financiero y operativo constante. La viabilidad de muchos de estos negocios familiares pende de un hilo, esperando una solución que no termina de llegar. El problema con el suministro eléctrico comenzó con fuerza el pasado mes de julio, coincidiendo con la primera gran ola de calor del verano. Sin embargo, la acumulación de incidencias en la zona viene de lejos. Según explican los propios afectados, la situación se ha vuelto crónica a lo largo de los últimos ocho meses. A los fallos eléctricos se suman otros problemas de infraestructura que han afectado al barrio. Un empresario recuerda cómo, además de los cortes de luz, han sufrido otras averías graves: "En seis meses hemos tenido primero un corte de agua durante seis horas por una avería en una construcción cercana". A este incidente se sumó, aparte del gran apagón general, "unas cuatro horas de parón de electricidad" en otra ocasión. Esta sucesión de problemas ha generado un profundo malestar y una sensación de abandono entre los residentes y trabajadores del Raval. Curiosamente, el impacto de los apagones no es uniforme en toda la zona afectada. Mientras la mayoría de los comercios y viviendas sufren las consecuencias de manera recurrente, algunos parecen escapar de la incidencia. Es el caso de Belén, que trabaja en una fundación ubicada en el mismo Carrer de Montserrat. Ella asegura que, si bien han notado alguna interrupción, ha sido algo puntual y de poca importancia. "Muy esporádicamente se ha ido algún día", comenta, pero matiza que, en su caso, "la verdad que muy pocas". Esta disparidad en el impacto de los cortes añade más incertidumbre al problema, dificultando que los propios afectados entiendan el origen y el alcance real de una avería que parece actuar de forma selectiva en un perímetro de apenas tres calles. Tras meses de quejas y una situación que se ha vuelto insostenible, parece que la solución empieza a tomar forma, aunque lentamente. Fuentes de Endesa aseguran que la avería está detectada y estudiada por los técnicos de la compañía. El siguiente paso, y el que actualmente mantiene bloqueada la reparación, es la obtención de los permisos necesarios por parte del Ajuntament de Barcelona. La eléctrica ya ha solicitado formalmente las licencias pertinentes para poder llevar a cabo una "nueva actuación" que resuelva de forma definitiva la deficiencia en la red de suministro de la zona. Sin embargo, los plazos administrativos no siempre se acompasan con la urgencia de los problemas de los ciudadanos, y la espera se está haciendo demasiado larga para los afectados. La gran preocupación ahora es la inminente llegada del verano. Con el aumento de las temperaturas, el uso del aire acondicionado se disparará, especialmente en una zona de clima mediterráneo donde el calor es más persistente que el frío. Este incremento de la demanda eléctrica podría agravar la ya de por sí frágil situación de la red y provocar apagones aún más frecuentes y prolongados. Los vecinos y comerciantes miran al calendario con inquietud, esperando que la solución burocrática y técnica llegue antes de que el termómetro vuelva a poner a prueba la infraestructura eléctrica del Raval. La cuenta atrás ha comenzado, y la esperanza es que la reparación se materialice "antes del verano, que sería lo que haría falta", como señala un vecino, para evitar que la pesadilla se repita.