En España, el trabajo autónomo constituye una de las bases del tejido productivo. Se trata de un colectivo cuya supervivencia económica depende directamente de la actividad de su negocio, sin la red de seguridad que, en muchos casos, ofrece el empleo por cuenta ajena. Precisamente por esa singularidad, los autónomos cuentan con un régimen específico de deducciones en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).