Santiaga Castro, la cocinera que conquistó a los presidentes en Quintos de Mora con guisos "a fuego lento"

Santiaga tenía 40 años cuando los "jefes mayores" de los Quintos de Mora la fueron a buscar a su aldea. Se había jubilado la cocinera anterior y la reclamaron a ella, a quien ya conocían por su "buena mano en los fogones". Así comenzó su etapa como cocinera en la famosa finca propiedad del Estado, un trabajo que aceptó a pesar de la delicada salud de su padre en aquel momento. Casi 3 décadas después de marcharse de allí y con 89 flamantes años, la última cocinera fija de Quintos de Mora rememora en COPE los 24 años en los que cocinó para todos aquellos que pasaron por allí, desde presidentes del gobierno hasta sus chóferes. A los comensales importantes que pasaban por la finca, como el expresidente Felipe González, les gustaban los "platos sencillos y tradicionales" recuerda Santiaga. "Preparaba migas, patatas con carne y tortilla, además de platos de caza como el ciervo a la plancha o estofado". La cocinera recuerda con especial cariño cuando le pedían guisos a fuego lento. "Ponía las judías en una lumbre que tenía en mi casa, que estaban más ricas que hechas en otra cosa". asegura Santiaga. Su marido era quien se encargaba de prepararle el fuego para la ocasión. La vida en los Quintos de Mora era como la de "un pequeño pueblo".  La finca, descrita por Santiaga como un gran caserío, albergaba a ocho familias. El recuerdo que guarda de su paso por la finca es inmejorable, como ella misma afirma: "Conmigo se han portado muy muy bien, y me tengo que acordar toda la vida". Al terminar su etapa en la finca, después del fallecimiento de su marido, Santiaga se trasladó a Ciudad Real. La tradición culinaria no se perdió, sino que floreció a través de sus hijas, Aurora y Belén, y su hijo José, quienes han continuado con el legado familiar al frente del Mesón Octavio, un restaurante distinguido con el Bib Gourmand de la guía Michelín. Aurora, de hecho, ya era su "mejor ayudante" en los fogones de los Quintos de Mora. Hoy, Santiaga sigue vinculada a la cocina echando una mano en el restaurante de sus hijos, que sirve a diario a muchos personas. Ayuda a pelar patatas, poniendo mesas o en "lo que le pidan", demostrando que su pasión es algo que "no se olvida nunca". Y, sobre todo, Santiaga se siente orgullosa de la herencia que ha transmitido.