El Pabellón de Deportes de las Margaritas se ha convertido por un día en un aula universitaria. Los protagonistas son los estudiantes del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CCAFYDE) de la Universidad Loyola, que han cambiado sus clases teóricas por una jornada práctica de boccia y baloncesto en silla de ruedas. El objetivo es claro: romper las barreras del aula para sumergirse en la realidad de la diversidad funcional y la inclusión social a través del deporte, compartiendo la experiencia con miembros de dos asociaciones. Para los alumnos, la jornada es una experiencia transformadora. “Estamos realizando diversas actividades con gente que tiene unas diversidades funcionales diferentes a las nuestras, y nada, pues, entendiendo cómo se sienten ellos, cómo adaptan los diferentes deportes”, explica Jacobo Alcántara Ramos, estudiante de tercer curso. Su compañero, Alberto Cota Cañete, añade que eligió esta carrera por su amor al deporte y recomienda Loyola porque “al final es una familia y te facilita mucho todas las cosas”. Ambos destacan que es un día “diferente” y “especial”. Las expectativas se cumplen con creces para estudiantes como Elena Espejo Romero, quien asegura que la formación es tal y como la esperaba. “La verdad que yo recomiendo mucho estudiar esta carrera. Antes de empezarla, yo sabía que iba a disfrutar como estoy disfrutando, y que iba a aprender todo lo que estoy aprendiendo”, afirma. A quien duda si seguir este camino, le da un consejo claro: “Que adelante, que si le gusta tanto el deporte, que siga, que persiga sus sueños y que no se va a arrepentir de la lección”. Esta formación eminentemente práctica refuerza su confianza de cara al futuro laboral. Los estudiantes se sienten preparados para dar el salto al mercado. “Estamos cursando asignaturas para tener un amplio rango de posibilidades para poder ejercer nuestra profesión, y sí, nos están preparando de forma adecuada”, comenta Alberto. Jacobo añade que se siente seguro para una entrevista de trabajo: “Tenemos la grandísima suerte de tener conocimiento de diversos ámbitos, como podría ser el de la salud también. [...] Nos preparan bastante bien, solemos tener varias exposiciones a la semana, así que creo que no tendría problema”. Para él, la clave de lo aprendido es “el trato con las personas, el saber transmitir la pasión del deporte y y saber transmitir ese disfrute que tenemos hacia los demás”. La iniciativa parte de la asignatura de Atención a la Diversidad, como explica su profesora, María Madrid. El fin es que los alumnos “tengan acceso a la realidad, a la sociedad, un pequeño acceso a la inclusión también, y vivencias de deportes que hasta el día de hoy no han podido tener acceso”. Madrid se muestra gratamente sorprendida por la actitud del alumnado: “El primer contacto que hemos tenido con las diferentes asociaciones han estado muy cercanos y muy flexibles”. La metodología de la Universidad Loyola busca un equilibrio constante entre el conocimiento y su aplicación. “Tenemos dos horas de teoría, en las que le explicamos lo que vamos a realizar posteriormente. Y una vez finalizamos, eso lo damos en la universidad, después nos trasladamos aquí al Pabellón de las Margaritas y realizamos dos horas de práctica”, detalla la profesora. Este modelo se apoya en el fomento del pensamiento crítico y la formación en valores, un pilar que, según Madrid, recibe un fuerte respaldo desde la coordinación del grado y la propia universidad. El coordinador del grado, Pablo Galán, profundiza en la filosofía que define la titulación en Loyola. “Lo entendemos como una combinación de tres rasgos fundamentales: una base científico-técnica, con una fuerte orientación profesional hacia lo laboral y, además, una marcada dimensión humanista, que es un rasgo propio de todas las universidades jesuitas”. Este enfoque integra asignaturas clásicas como anatomía o fisiología con otras más innovadoras como ética, fundamentos humanísticos o liderazgo. Para Galán, la principal diferencia de Loyola reside en “la manera en que integramos esta excelencia técnica en la formación de la persona”. Se busca que el estudiantado reflexione sobre su labor profesional en temas como la igualdad de género, el derecho al movimiento o la inclusión social. Esta visión se resume en una idea central que defiende el coordinador: “En Loyola tenemos muy claro que formamos profesionales porque precisamente formamos a personas. Desde esta convicción nuestro grado nace con un proyecto educativo, un proyecto de formación integral del alumnado”. La empleabilidad es una prioridad que se trabaja “desde el principio”. A diferencia de otros modelos, no se espera al último curso. Se promueven visitas a asociaciones, centros de entrenamiento y clubes desde los primeros años, y se cuenta con numerosos acuerdos internacionales. Aunque la primera promoción se gradúa este año y aún no hay datos oficiales, las cifras del Colegio Oficial de Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte son optimistas: más del 45-50 % de los egresados encuentra su primer empleo en menos de un año.