La serie sobre un incel que se traviste para salvarse: «Atacar el feminismo es punk»

Poco tiene de noble el protagonista de la serie 'Un hombre bueno' , que se estrena este martes en Filmin. Es un incel, odia a las mujeres, y escondido en el anonimato se dedica a escupir ese odio a través de internet, pensando que una pantalla le va a proteger, que vomitando insultos sus traumas desaparecerán. Nunca nada es tan fácil, las máscaras no expían ni las culpas ni los pecados. Quien no desaparece, porque no puede, es él cuando lo hackean y descubren su identidad, le señalan y le persiguen. Cuando su vida, también fuera de internet, se ve condicionada por ese 'monstruo' que disparaba insultos con un teclado. Hay un refrán que dice que torres más altas han caído; no hay barrera inexpugnable para escapar de las consecuencias del mundo real. Un ordenador no es, ni mucho menos, tan alto. Es entonces cuando, en un giro, se disfraza de mujer. Lo hace como una huida hacia adelante, por oportunismo, pero comienza a entender y, ahí, encuentra la redención. «No creo en la gente 'mala'; creo que la gente hace cosas malas porque cree que son necesarias bajo alguna lógica retorcida. Creo que debajo hay dolor. Intentar encontrar esa lógica interna y el dolor en personas que no entiendo o que no me gustan es la mejor parte de escribir. Es interesante y divertido escribir desde dentro de un personaje al que te opones superficialmente. Los personajes 'malos' son los más divertidos porque tienes una parte de ellos dentro de ti, aunque no actúes igual. Puedes dejarlo todo a un lado, ser él por un momento y darte cuenta de que hay una lógica interna. Es un ejercicio de empatía», dice Thomas Seeberg Torjussen, creador de la serie, para quien es fundamental no juzgar nunca a los personajes o, de lo contrario, solo consigues el boceto de villanos de opereta. Después de más de una década estudiando e investigando «subculturas masculinas», a raíz del manifiesto del terrorista Anders Behring Breivik y de preparar un programa sobre preparacionistas para el fin del mundo, encontró un odio común que subyacía: «El feminismo era el culpable de todo lo que estaba mal, lo blando, lo irracional y lo indefenso», dice Torjussen. A partir de esa idea construyó esta ficción, que más allá de una crítica, una denuncia, o ahondar en la problemática de la tecnología y el anonimato pretende llamar la atención sobre «la epidemia de soledad». « El capitalismo nos quiere solos. Antes, el capitalismo odiaba a los hippies porque compartían la aspiradora; preferían la familia nuclear. Así, cada uno compraba su propia lavadora y su propia aspiradora. Pero como el capitalismo necesita crecer, ahora no están contentos hasta que estemos todos solos con nuestra propia aspiradora. Si todos estamos solos, se venden más», explica el creador. 'Un hombre bueno' no esconde tampoco los peligros de internet. «La gente confunde el mundo online con el real. Se asustan del mundo real porque les parece hostil, así que se quedan en casa. Por eso quise que el protagonista rompiera su Mac y su móvil y saliera fuera para darse cuenta de que el mundo real es más pragmático, compasivo y tolerante que el online. Debería preocuparnos el tiempo de pantalla, pero sobre todo la soledad, porque la soledad crea a personas como Tom, el protagonista». En 'Un hombre bueno' era importante alejarse de un tono moralista o aleccionador, por eso la serie hibrida géneros y pivota entre el thriller psicológico, el drama y el humor negro, siendo siempre mordaz. « Si algo es trágico, también tiene que ser divertido . Para mí nunca han sido opuestos; no entiendo por qué lo trágico no puede ir de la mano de lo cómico. Ha sido así en el teatro desde siempre», aclara en una entrevista con ABC, en la que reflexiona sobre los giros ideológicos de la sociedad. «En 2016 ser 'punk' y contrario al sistema pasó de la izquierda a la derecha. Yo crecí con el punk; decía cualquier cosa para escandalizar a mi madre. Pero ahora los progresistas somos el establishment. Hoy en día, lo más provocador que puedes decir en Escandinavia es que el feminismo se equivoca y que las mujeres deberían volver a la cocina. A veces es más una actitud punk que una creencia real; muchos de esos chicos que dicen cosas horribles de las mujeres, que atacan el feminismo, son solo 'punks' provocando» , asegura el creador noruego. Y, ahí, más allá del guión, era necesario dar con un reparto que bordara los cambios de registro. «Anders Baasmo también protagonizó mi primera serie. Lo conozco muy bien y sabía que sería capaz de sacar todo el jugo del personaje. Temíamos que se estuviera haciendo mayor porque no conseguía financiación para la serie, pero él tiene algo: puedo hacerlo tan horrible como quiera, pero aporta un dolor o una esencia propia que hace que la gente no pueda odiarlo del todo, haga lo que haga. Es un actor con mucho talento; siempre supe que sería él».