Hacer un juego AAA en menos de media década se ha convertido en uno de los mayores retos de la industria. Presupuestos desbordados, equipos exhaustos y jugadores cansados de esperar seis o siete años entre entregas han puesto en jaque al modelo tradicional. En ese contexto, Sucker Punch Productions se ha fijado un objetivo concreto y poco habitual: reducir sus ciclos de desarrollo a cuatro años.