La peor sequía en décadas ha obligado a EE.UU. a tomar una decisión extrema: invertir miles de millones en desalinización industrial para que el mar empiece a alimentar a sus ciudades. No es barato, no es simple y no está exento de riesgos. Pero en el oeste del país, quedarse sin agua ya no es una hipótesis, es una cuenta atrás.