El cuarto de tu hijo no es una versión a tamaño reducido del de un adulto, sino un universo propio que debe pensarse desde su manera de mirar, moverse y experimentar el espacio. Diseñarlo desde su altura, su curiosidad y su forma de moverse cambia radicalmente el planteamiento y el resultado. Cuando el espacio responde a su lógica, no solo lo usa: lo conquista y lo disfruta de verdad.