Irte a Navidad con la ilusión de un niño y, apenas dos meses después, descubrir lo dura que puede resultar la vida del adulto o, su equivalente en versión futbolera, competir en Primera División, la élite, siendo un modesto. Un club en el que nunca sabes cuando vas a volver a ganar porque cada triunfo no depende solo de tu duro trabajo sino de otros factores, algunos ajenos a ti mismo, como la dichosa suerte... o los arbitrajes.