Una fosa común de la Edad de Hierro en Gomolava (Serbia) expone un asesinato en masa de mujeres y niños. Este hallazgo, descrito en Nature Human Behaviour , sugiere un cambio en los sistemas de poder regionales y ofrece nuevas teorías sobre la forma en que la violencia colectiva remodelaba las relaciones sociales y estructuras jerárquicas del momento. Según cuenta a SINC la coautora del trabajo y genetista de la Universidad de Copenhague, Miren Iraeta–Orbegozo , este yacimiento revela que la violencia masiva no se limitaba a los campos de batalla . “Atacar a mujeres y niños era una estrategia empleada para romper las líneas familiares y desestabilizar el tejido social”, informa. En este sentido, al impedir que las nuevas generaciones tuviesen un futuro , se anulaba la continuidad del grupo. En un contexto previo a la modernidad, donde existía mucha competencia por tierras y recursos, esta forma de violencia pudo ser una vía para imponer dominio absoluto . “No usamos la palabra ‘genocidio’ por ser un término contemporáneo con connotaciones de intencionalidad difíciles de probar, aunque su función y el resultado son similares: acabar con una parte específica del grupo y frenar su continuidad”, opina la experta. Junto a su compañera e investigadora de la Universidad de Edimburgo, Linda Fibiger , analizaron los restos de 77 personas enterradas ; y de todas ellas, 51 eran niños o adolescentes. También, determinaron el sexo biológico de 72 individuos y concluyeron que la mayoría –el 71%– eran mujeres. En su proyecto, las expertas identificaron lesiones en la cabeza junto con heridas defensivas y otras ocasionadas por proyectiles. “No fue un combate cuerpo a cuerpo ni una ejecución sistemática donde todos tienen la misma lesión”, expone Iraeta – Orbegozo. “La diversidad de los impactos sugiere un escenario caótico , y que las heridas se localizasen en la parte superior de la nuca indica que los atacantes podrían haber golpeado desde una posición elevada, quizás a caballo ”, argumenta la experta. El análisis genético mostró que la mayoría de las personas asesinadas no estaban relacionadas entre sí; y un estudio de isótopos indicó orígenes y dietas nutricionales diferentes, por lo que no pertenecían a una único asentamiento . Asimismo, las investigadoras demostraron que no existía parentesco biológico entre las víctimas, a excepción de una madre que fue enterrada con sus dos hijas. La experta precisó que no conocen la procedencia de los asesinos , aunque habla de un contraste fascinante en sus hallazgos. “La violencia de las muertes fue extrema pero el entierro fue relativamente cuidadoso y respetuoso . Se invirtió mucha energía y recursos: hay cerámica, trabajos metalúrgicos y restos animales”, expresa. Las fosas comunes suelen ser una fuente relevante para examinar las diferentes tradiciones, sistemas políticos y el empleo de violencia en el pasado. Concretamente, Gomolava –en el norte de Serbia– era un punto de encuentro entre diferentes culturas . A principios de la Edad de Hierro , las comunidades colindantes experimentaron cambios en su organización territorial, lo que convierte a este yacimiento en una fuente de información valiosa para examinar los conflictos de la época. “Había mucha movilidad y convivían grupos seminómadas, sedentarios y agrícolas”, describe la experta. Las autoras señalan limitaciones en su trabajo , incluida la preservación parcial de los restos y la necesidad de confiar en un subconjunto de individuos para los análisis genéticos. Se necesitan comparativas en otros lugares para comprender la movilidad, los lazos comunitarios y la violencia vista en este periodo. Este artículo fue publicado originalmente en la Agencia SINC, la agencia de noticias científicas de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología.