Poca gente ve los plenos municipales en Elche. A través de YouTube, en el mejor de los casos, se supera la treintena de espectadores y rara vez el salón cubre el aforo en un municipio con algo más de 245.000 habitantes. El motivo posiblemente encuentre respuestas en sesiones como la vivida este lunes, que fue un auténtico esperpento que se prolongó durante casi seis horas. De nuevo, mucho mensaje de todas las formaciones para las tropas propias -preferiblemente que luego puedan encajar en un reel-; discursos a veces pasados de frenada; más ganas de dinamitar puentes que de tenderlos, para ahondar en la brecha entre una bancada y la otra; y en ocasiones hasta bombas de humo con el fin de evitar entrar en debates de fondo sobre los temas que realmente afectan al ciudadano y la ciudadana de a pie. Con un matiz importante: por momentos no quedó muy claro si en Elche es el PP el que hace de muleta de Vox o a la inversa; si el alcalde, Pablo Ruz, y la portavoz voxista, Aurora Rodil, han hecho un reparto de papeles consciente de manera que una parte prepara la mecha y la otra la enciende; o si directamente la lucha por el mismo espectro de votos ha llevado a que la diferencia entre siglas directamente se haya diluido a poco más de 15 meses de las elecciones.