Cuando en las capitales europeas se rinda este martes homenaje a Ucrania, cuatro años después de que Vladímir Putin ordenara su invasión con la intención de convertirla de nuevo en un apéndice de su pretendida Rusia imperial, Mijailov preparará su petate para volver a la trinchera. Ahora con el lecho embarrado por el deshielo que empieza a tomar forma en las mañanas soleadas y el frío atroz de las noches interminables. Todo corpulencia, pero tímido frente a la "primera entrevista" de su vida, se ganaba la vida como emigrante en las fábricas de Polonia hasta que volvió a casa por Navidad para pasar unas largas vacaciones. "El aniversario de la invasión no me trae más que malos recuerdos. Mañana será un día como otro cualquiera, donde lo único importante será acabarlo vivo", dice en un restaurante de Izium.