Alumnos analfabetos en religión en Cataluña: «Es imposible que entiendan qué es la Sagrada Familia»

«La Generalitat de Cataluña lleva décadas incumpliendo un acuerdo vigente entre el Estado y la Santa Sede que establece que la Religión Católica es una asignatura de obligada oferta en la escuela pública. Las direcciones no la ofrecen a los padres pese a que éstos tienen el derecho constitucional a que sus hijos la reciban». Asociaciones de profesores de Religión de Cataluña denuncian desde hace años la persecución a la materia en los colegios públicos de la Comunidad y «los riesgos» que conlleva esa situación para el alumnado. «Las direcciones la esconden' a las familias en la preinscripción e intentan, por puros prejuicios sobre la materia, borrar cualquier connotación religiosa en la enseñanza», coinciden profesores y expertos consultados por ABC. Susana Vilar, presidenta de la Asociación Sindical de Profesores de Religión de Cataluña (AMRC), sindicato mayoritario en este ámbito en Cataluña, califica de «grave» la situación. «Lo primero que debe garantizarse es que se cumpla la normativa que establece que los padres o tutores tienen la opción de pedir la enseñanza de la religión que esté de acuerdo con sus convicciones. No puede permitirse que las direcciones de los centros no ofrezcan la materia por decisión personal o del claustro. Atenta contra un derecho constitucional de las familias», advierte la docente. Este «empeño» del Govern en no ofertar la materia en los centros ha conducido, según denuncian profesores y pedagogos, a un «preocupante empobrecimiento cultural» de los alumnos en la materia. «Para convivir en nuestra sociedad es importante tener unos conocimientos mínimos del hecho religioso pero la mayoría de los alumnos de la escuela pública en Cataluña son analfabetos religiosos, incapaces de saber, por ejemplo, que el buey en las torres de la Sagrada Familia simboliza al evangelista San Lucas. Los profesores les encargan trabajos sobre el templo pero es imposible que entiendan qué significa», señala Vilar en declaraciones a ABC. Según datos del último Barómetro sobre la Religiosidad , dos de cada diez jóvenes catalanes de entre 16 y 25 años no sabe qué se celebra por Navidad y casi cuatro de cada diez no saben decir quién es el líder espiritual de la Iglesia Católica. A esta situación se suma, según afirman los denunciantes, la acción  «no neutra ideológicamente» de determinados centros públicos de borrar «cualquier connotación religiosa» de la vida escolar. La última acción denunciada por algunas familias es la de eliminar la palabra Navidad en las actividades del alumnado y cambiarla por 'Fiestas de Invierno' o 'Solsticio de Invierno'. «Es sorprendente que puedan pasar estas cosas cuando el Presidente de la Generalitat de Cataluña felicita la Navidad a todos los docentes y en el calendario escolar siguen constando las 'vacaciones de Navidad'. El valor de esa denominación reside en el profundo significado histórico y sentimental que la sociedad le ha conferido durante siglos. Por la misma razón, sería absurdo plantear el cambio del nombre de una festividad tan profundamente arraigada en Cataluña como la de Sant Jordi por una alternativa administrativa o 'neutra', señala en declaraciones a ABC el profesor Ignacio Díaz , portavoz del sindicato PREC. Algunos docentes denuncian también que algunos centros, presionados por las familias, dan consignas al profesor de Religión de «no tocar determinados temas en el aula». «Imparto clases de Ética en un instituto y no me dejan discutir sobre el aborto o la eutanasia ». «Nunca he hecho apología de nada pero al hablar del inicio de la vida, les dije a los alumnos una cosa incontestable que es que a las cinco semanas ya hay vida. No gustó a las familias», dice el docente, que prefiere mantener el anonimato. Desde el ámbito académico, el experto en Pedagogía Internacional de la Universidad de Barcelona (UB), Entric Prats, coincide con los sindicatos denunciantes en el efecto perjudicial que está teniendo el desconocimiento religioso en la formación de los alumnos catalanes y cuestiona también el cambio de nomenclatura de la Navidad en algunas escuelas. «Tener conocimientos en Religión, desde el punto de vista meramente cultural y antropológico es muy importante. Sin esa base cultural  no puedes ir por el mundo. Entras en un museo y no puedes interpretar muchas de las obras. Es un tema importante», dice Prats y advierte, además, de la falta de empatía que puede desarrollar en el alumnado hacia la religión católica, mayoritaria en nuestro país. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), casi seis de cada diez españoles (un 54,5%) se declara católico; de éstos un 18,2% son, además, practicantes. En Cataluña, el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) señala que el 57% de los catalanes se identifica como católico, lo que mantiene al catolicismo como la confesión más extendida en el territorio. El sindicato AMRC lleva años reclamando una asignatura aconfesional sobre cultura religiosa para frenar el desconocimiento entre los alumnos catalanes. Finalmente, lo han conseguido. El próximo curso escolar, 24 centros de Primaria y Secundaria públicos ofrecerán una materia aconfesional sobre  Cultura Religiosa en una prueba piloto que se alargará durante tres años. «Esperamos que todos lleguemos un día a entender que es bueno para nuestros alumnos y, en definitiva, para nuestra sociedad», señala Susana Vilar. Sin embargo, desde el sindicato PREC la visión es distinta. «Esta iniciativa, presentada bajo una apariencia de necesidad pedagógica oculta lo que en realidad podría representar una maniobra de ingeniería social que afecta directamente a la libertad de enseñanza», señala Díaz. El portavoz del sindicato recuerda que «la normativa vigente ya garantiza el conocimiento del hecho religioso. El despliegue de los decretos curriculares de la Lomloe en Cataluña ya obliga a los centros a programar actividades que desarrollen la 'reflexión sobre la riqueza del bagaje intelectual heredado' y la transmisión de las bases del patrimonio cultural de nuestra sociedad para el alumnado que no cursa religión confesional en las etapas de Primaria y de la ESO. Por tanto, la creación de una nueva materia es técnicamente redundante». «Entendemos que sustituir la enseñanza confesional de la religión por un 'popurrí' de 'curiosidades culturales' —podría ser legalmente redundante y pedagógicamente estéril— podría representar una estafa a las familias. Como sindicato, defenderemos que el aula siga siendo un espacio de libertad y no un laboratorio de ingeniería social laicista», concluye Díaz.