No faltan trabajadores: faltan oportunidades

En la entrada de casi todos los hipermercados encontramos hoy personas pidiendo ayuda para comer. Muchos son hombres de mediana edad, encogidos por el frío y la vergüenza; otros son hombres muy mayores que deberían estar en casa, tranquilos, viendo una película en el sofá. Hace poco vi a alguien que me impresionó especialmente: una mujer joven, en pijama, bata y zapatillas de andar por casa. No pedía dinero. Pedía comida: leche, zumo, pan, hamburguesas, salchichas. Tenía hijos. Cinco. Antes de que pudiera preguntarle nada, comenzó a justificarse: «Antes trabajábamos los dos, mi marido y yo, podíamos mantener a nuestros hijos». La última vez que la vi me preguntó: «¿No podrías conseguirme unas zapatillas deportivas?», y levantó el pie, aún enfundado en aquellas zapatillas de casa. A ella va dedicado este artículo.