De un día para el otro ha empezado a salir por todas partes la palabra ‘therians’, refiriéndose a personas que o bien se creen animales o bien sienten una conexión especial hacia alguno de ellos hasta el punto de comportarse como el animal en cuestión. Hace dos semanas ni había oído esa palabra, aunque sí había visto ocasionalmente a alguien a cuatro patas en algún vídeo ladrando y defendiendo su incómoda postura. Pero lo que ha pasado estos días ha sido como un acelerón, como si se coordinara el mundo y en muchos países distintos y distantes empezasen a proliferar individuos comportándose como animales concretos, esto es, como caballos, gatos o perros. Pero no era tanto que hubiera un gran número de personas con este comportamiento como que mucha gente se puso a hablar de este fenómeno, de pronto salían vídeos de personas criticando, informando o riéndose de este asunto como si se hubieran puesto de acuerdo. No tengo la más remota idea de cómo llegó a coordinarse tanta gente para que durante estos días pareciera que tantos se sumasen a este movimiento, disciplina o como quiera llamarse, pero ha ocupado la actualidad más reciente, eclipsando en España, por ejemplo, y curiosamente, cualquier noticia relacionada con las animaladas que se dicen y dicen algunos políticos. Ha sido un poco como el famoso programa de Orson Welles que anunciaba la invasión extraterrestre pero en formato coral. Se ha difundido la idea de que estamos rodeados de ‘therians’ y se han organizado quedadas en muchas ciudades a la vez donde miles de personas se reunían para ver este fenómeno. Pero resultó ser que el espectáculo eran ellos mismos, el numeroso público rodeando a unos pocos ejemplares. Tal vez la sociedad se ha cansado de tantas falsas noticias y se ha puesto a inventar las suyas.