En Navarra, el cooperativismo se ha consolidado como un modelo empresarial clave que combina participación de los trabajadores con estabilidad y arraigo territorial. Presente en prácticamente todos los sectores productivos, desde la industria hasta la agroalimentación, este sistema ha pasado de ser una fórmula asociada a tradiciones locales a convertirse en un elemento estructural de la economía regional. Su valor no se limita a generar empleo: también refuerza la cohesión social, impulsa la innovación y aporta sostenibilidad a largo plazo.