¿Tu coche pierde potencia al acelerar? Vigila estos componentes

Arrancar el coche, pisar el acelerador y notar que no responde como debería es una situación más común de lo que parece. La pérdida de potencia al acelerar es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los talleres y puede deberse a múltiples causas. «La pérdida de potencia puede notarse en un momento concreto, pero no es algo que surja en un instante, sino que normalmente es el resultado de pequeños fallos que se van acumulando y que, si no se corrigen a tiempo, terminan afectando al rendimiento del vehículo», explica Francisco Javier Fuentes , formador de Midas España. «Aunque muchos automovilistas asocian la pérdida de potencia a averías graves, lo cierto es que en la mayoría de los casos se trata de incidencias progresivas que pueden solucionarse con revisiones periódicas y un correcto mantenimiento preventivo », añade. Por ello, los expertos de Midas advierten de las principales averías que hacen que el motor pierda potencia y cómo detectarlas. Primero, problemas en el sistema de admisión: se producen cuando el filtro de aire está obstruido, lo que impide que el motor «respire» correctamente (no recibe suficiente aire). Como consecuencia, la unidad de gestión del motor (ECU) aumenta la cantidad y la duración de la inyección para compensarlo, lo que incrementa el consumo de combustible y las emisiones contaminantes a través del sistema de escape. Los principales síntomas son la sensación de aceleración más lenta, sensación de «ahogo» al pisar el acelerador o aumento del consumo. Segundo, turbo defectuoso: cuando este componente no esté en plenas facultades, no es capaz de comprimir el aire correctamente, reduciendo el aporte de oxígeno al motor. Si además de la pérdida de potencia detectas un silbido anómalo o el vehículo expulsa humo de color azulado, entonces debes pasar por el taller cuanto antes. Tercero, embrague desgastado: aunque la potencia se asocia al acelerador, el embargue juega un papel fundamental, ya que el motor no es capaz de transmitir la potencia. Hay señales claras de que detrás de la pérdida de potencia se encuentra el embrague, tales como una subida de revoluciones que no va acompañada de velocidad, olor extraño durante la marcha o dificultad para subir pendientes. Cuarto, fallo en sensores clave: los coches actuales dependen en gran medida de la electrónica, por lo que un fallo en componentes como el caudalímetro, el sensor MAP (Presión Absoluta del Colector), la sonda lambda u otros sensores puede provocar problemas en el motor. Esto ocurre porque la centralita recibe datos erróneos y ajusta de forma incorrecta la mezcla aire-combustible. Entre los síntomas más habituales se encuentra la aparición de testigos luminosos de avería en el cuadro de instrumentos. Además, cuando estas anomalías provocan una combustión deficiente, la centralita puede activar el denominado «modo de emergencia», limitando el régimen del motor y evitando que supere aproximadamente las 2.000 o 2.500 rpm. Quinto, problemas en el sistema de escape (muy común en diésel): si el coche hace muchos trayectos cortos, especialmente en ciudad, puede acumular residuos que acaban obstruyendo el catalizador. Como resultado, el motor no puede evacuar correctamente los gases, lo que provoca una pérdida de potencia. Además, ante este tipo de fallos en el sistema de escape, la gestión electrónica puede activar el denominado «modo de emergencia», limitando el rendimiento del vehículo.