El especialista Héctor Alonso Ferrero explica por qué dejar el calzado en la puerta es una medida lógica para evitar bacterias y mejorar la musculatura del pie Una administradora explica si la junta de vecinos puede prohibir los animales en el edificio: “Su validez puede ser discutible” Para algunos es una norma básica de convivencia, hay quien lo hace por comodidad, y otros lo ven como una manía o una costumbre importada de otras culturas como la japonesa. Sin embargo, cada vez están más extendidas las implicaciones que este gesto puede tener en la higiene del hogar e incluso la salud. ¿Es realmente necesario descalzarse al cruzar el umbral o se trata de una exageración? “Yo soy bastante partidario”, reconoce el podólogo Héctor Alonso Ferrero, director de la Clínica Supie . “No desde el alarmismo, sino desde el sentido común. Los zapatos pisan de todo durante el día y, si los dejamos en la entrada, reducimos bastante la suciedad que llevamos al suelo donde luego estamos descalzos o en calcetines”, aclara. ¿Qué llevo en la suela? En los zapatos viajan muchas partículas que recogemos y acumulamos al caminar por la calle. “Principalmente son bacterias ambientales habituales como estafilococos o E. coli, además de hongos del entorno”, precisa Ferrero. Aunque no existen evidencias de que esa suciedad, que introducimos en el hogar a través de los zapatos, represente un riesgo serio para la salud en condiciones normales, el experto advierte que “en hogares con bebés, personas mayores o pacientes con salud delicada sí puede tener más sentido evitar el calzado de calle”. Si optas por no quitártelos, Alonso Ferrero recomienda minimizar los riesgos con “un buen felpudo en la entrada, la limpieza regular del suelo y, si es posible, diferenciar zonas o usar un calzado exclusivo para interior”. Además, el experto subraya que “las alfombras retienen más partículas y requieren aspirado frecuente, mientras que el parquet necesita mantenimiento regular y las baldosas suelen ser más fáciles de limpiar” y pide tener en cuenta que “cuanto más textil o poroso es el material, más importante es la higiene”. “No hace falta obsesionarse, solo tener hábitos lógicos”, resume. Lo mejor para los pies Más allá de la limpieza, dejar los zapatos en la entrada también tiene beneficios directos para la salud física. El calzado rígido de calle puede oprimir o limitar el movimiento del pie, por ello, el experto recomienda “algo más natural: un calcetín antideslizante que permita al pie moverse y estimule sus receptores nerviosos”. Esto ayuda a que la musculatura del pie trabaje sin estar todo el día encerrado en el calzado. Sin embargo, existen excepciones. En casos de problemas específicos, como la metatarsalgia o la fasciosis plantar aguda, Ferrero aconseja “usar mejor un calzado de interior ligero, de suela fina y cerrado por detrás que aporte estabilidad y permita incluir un pequeño soporte dentro de la zapatilla”, para proteger las estructuras que están sobrecargadas. El objetivo es mantener un ambiente sano sin perder la comodidad. Como concluye Ferrero: “no se trata de vivir con miedo ni de convertir la casa en un quirófano. Se trata de equilibrio: cuidar la higiene, escuchar al pie y adaptar el calzado a cada situación”.