La piel es el órgano más grande del cuerpo, y en los últimos años su cuidado vive una auténtica revolución. Lo que hace tiempo era una simple rutina de higiene hoy es todo un estilo de vida enfocado en la salud, el bienestar y la prevención. El rostro, principalmente, y el cabello, son las zonas a las que se destinan más recursos, pero, cada vez se pone más atención en el cuidado de la piel del cuerpo. Oculta gran parte del año, suele preocupar más cuando se acerca el buen tiempo, pero en general, ha sido siempre la gran olvidada, salvo cuando presenta algún problema como la dermatitis o la sequedad. Las marcas cosméticas, en cambio, están empeñadas en que le dediquemos más tiempo y su propuesta no ha parado de crecer en los últimos años incorporando todo tipo de cremas, lociones, aceites, sérums, exfoliantes… Además, las fórmulas de los productos corporales cada vez se parecen más a las de los faciales e incluyen los activos con más reputación y estudios científicos, como el retinol , el ácido hialurónico, la vitamina C o el ácido glicólico. En cierta manera tiene su lógica porque, como explica la dermatóloga Cristina García Millán , fundadora de Esthea Médica, «la piel del cuerpo comparte la misma estructura básica que la de la cara: epidermis, dermis e hipodermis; por lo tanto, hay activos que le vienen bien con la misma intención. Sin embargo, la piel corporal suele ser más gruesa, tiene menos glándulas sebáceas (excepto en pecho y espalda) y está menos expuesta a la contaminación». En este sentido, la experta no cree necesario replicar la rutina facial en el cuerpo, salvo que hayas problemas concretos que se deseen mejorar. Arturo Álvarez-Bautista , químico, doctor en nanomedicina y director científico de la firma Arturo Alba, señala que «el envejecimiento corporal combina tres ejes: cronológico, ambiental y mecánico. Con la edad disminuye la actividad de fibroblastos, baja la síntesis de colágeno y elastina y se empobrece la función barrera. A nivel ambiental, el sol es el gran acelerador en zonas expuestas como escote, hombros y antebrazos. Y a nivel mecánico, el roce, la presión y la gravedad influyen mucho en flacidez y textura. A diferencia del rostro, muchas zonas corporales tienen menos glándulas sebáceas, por lo que tienden más a la sequedad y a la alteración de la barrera. El resultado típico no son tanto las arrugas finas como la pérdida de firmeza , la aspereza, la irregularidad de tono y la xerosis crónica». Para combatir la flacidez, García-Millán tiene claro que lo más aconsejable es «mantener una actividad física intensa para ganar músculo; es la mejor forma de que la piel del cuerpo se mantenga joven». Para evitar las manchas, la protección solar se convierte en indispensable, pero cuando ya hay fotoenvejecimiento , las cremas con retinol pueden ayudar, gracias a su acción despigmentante, aunque en ocasiones, no bastará una crema y será necesario un tratamiento pautado por un dermatólogo. La rutina básica, según los expertos, sería una limpieza respetuosa, con el uso de geles y jabones que no agredan la barrera cutánea; la hidratación diaria después de la ducha; la fotoprotección de las zonas que estén expuestas; y la exfoliación, como una ayuda extra, para renovar las células y favorecer la salud de la piel. Sin embargo, igual que en el rostro se pueden añadir pasos extras al 'skincare', como el sérum o las esencias, en el cuidado corporal también se pueden incorporar otros productos. Álvarez-Bautista comenta que «incorporar activos como retinoides , antioxidantes o reguladores de la renovación tiene sentido cuando buscamos algo más que hidratación básica: mejorar textura, firmeza, pigmentación irregular o daño solar en escote, brazos o piernas. Ahora bien, no hace falta convertir todo el cuerpo en una rutina facial de 12 pasos. En cosmética corporal la estrategia debe ser selectiva: tratar donde hay necesidad real y mantener donde la piel está sana». La doctora García-Millán recomienda los productos con activos para motivos concretos: «el retinol lo aconsejo para tratar estrías, aportar firmeza o como despigmentante; el ácido hialurónico es ideal para pieles secas; la urea me gusta mucho para zonas muy secas, ya que ayuda a eliminar células muertas, rehidratar y suavizar la piel; las ceramidas las recomendamos para pieles atópicas; los alfa-hidroxiácidos (glicólico y láctico) son excelentes como exfoliantes suaves en pieles rugosas o pigmentaciones hormonales, ya que mejoran la textura y el tono; el ácido salicílico es muy útil para el acné en la espalda o el escote y en pieles grasas con imperfecciones; los antioxidantes son frecuentes para pieles fotoenvejecidas, con manchas o tono apagado». En cuanto a la exfoliación, ambos aconsejan la química, frente a la física o mecánica (presenta gránulos). Arturo Álvarez-Bautista sostiene que «la exfoliación corporal debería ser regular pero moderada. En la mayoría de pieles, una frecuencia de una a dos veces por semana es suficiente. Prefiero la exfoliación química suave —con alfa o polihidroxiácidos, o con urea— porque es más homogénea y menos agresiva que muchos exfoliantes mecánicos. Los exfoliantes físicos solo tienen sentido si son de partícula fina y con muy poca presión; de lo contrario, producen micro daño innecesario. Y hay una regla simple: si la piel está seca, irritada o con picor, no necesita exfoliación, necesita reparación. En cuerpo, como en rostro, exfoliar no es raspar : es regular la renovación con criterio».